San Martín estrenó nueva piel y mostró otra cara: goleó 3 a 0 a Almagro y confirmó su recuperación
El equipo de Alejandro Orfila volvió a jugar con intensidad, recuperó rápido y encontró respuestas en sus cuatro refuerzos para celebrar en La Ciudadela.

Resumen para apurados
La Ciudadela había esperado su turno. Después de dos partidos como visitante, Alejandro Orfila se sentó por primera vez en el banco local y San Martín le respondió con una función convincente. Vestido completamente de rojo, con el estreno de la tercera camiseta inspirada en el Mercado de Abasto, el "Santo" goleó por 3 a 0 a Almagro y mostró una imagen renovada. No sólo por la piel: también por el ritmo, la presión y una velocidad de recuperación que empieza a distinguir al equipo.
Orfila mandó a Gabriel Carabajal a la cancha en lugar del lesionado Alan Cisnero y la decisión encontró una respuesta inmediata. El volante aportó pausa, se asoció con Santiago Briñone y Agustín Graneros y le dio rodaje a una mitad de cancha que funcionó con precisión. Briñone y Graneros se repartieron la contención y la generación, mientras Carabajal se encargó de parar la pelota cuando el vértigo pedía un freno. Fue justamente él quien abrió el partido con un potente remate de media distancia que desató el delirio en las tribunas.
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El gol premió un dominio construido desde el arranque. Briñone probó tras un córner, Luca Arfaras quedó frente a Emilio González y Bruno Cabrera también tuvo su mano a mano. El arquero visitante sostuvo a Almagro y volvió a responder ante un cabezazo de Cabrera. San Martín atacaba en oleadas. Cada recuperación parecía encender una mecha: pocos pases, aceleración y búsqueda directa del arco.
También hubo una señal del mercado. Por primera vez, los cuatro refuerzos de San Martín coincidieron en cancha: Rodrigo Ayala, Cabrera, Álvaro Veliez y Carabajal. Y todos aportaron al funcionamiento. Ayala dio profundidad, Cabrera desequilibró, Carabajal ordenó y Veliez volvió a golpear.
El segundo tanto resumió la idea. Cabrera recibió desde el lateral y filtró la pelota hacia el medio. Veliez controló con precisión y definió fuerte, cruzado. Fue su segundo gol con la camiseta rojiblanca, una semana después de haber sellado el triunfo en Paraná. Dos partidos, dos gritos. El extremo se subió a un equipo que ahora parece jugar a otra velocidad.
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Otra diferencia apareció en la reacción tras perder la pelota. San Martín ya no retrocedió de manera automática ni permitió que el rival avanzara varios metros sin oposición. La primera respuesta fue presionar, achicar y buscar una recuperación inmediata. Graneros y Briñone sostuvieron ese despliegue, mientras los futbolistas ofensivos colaboraron para cerrar líneas de pase. Esa intensidad explica, en parte, por qué Almagro tuvo tantas dificultades para construir durante el primer tiempo y por qué el equipo de Orfila pudo atacar con frecuencia cerca del área rival.
El tercero nació de una escena insólita. Tobías Macíes apuró un tiro libre y jugó hacia atrás. Lautaro Busto controló largo y Arfaras olió el error. Presionó, amagó ante la salida del arquero, aprovechó la caída de un defensor y definió con el arco vacío. La Ciudadela explotó nuevamente.
En el complemento, San Martín cedió algo de terreno y entregó más la pelota. Almagro adelantó sus líneas, encontró algunos remates y logró acercarse con mayor frecuencia, aunque nunca generó verdadero peligro sobre el arco de Nahuel Manganelli. El "Santo" ya no tuvo el mismo dominio, pero conservó el orden y encontró espacios para lanzar contraataques rápidos. Cabrera volvió a quedar cerca con un remate tras enganchar hacia adentro y el equipo nunca perdió la sensación de poder lastimar cuando aceleraba.
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San Martín ganó, gustó y goleó. Pero, sobre todo, confirmó las señales de Paraná. Recupera más rápido, juega con mayor intensidad y ataca los espacios con Veliez, Cabrera y Arfaras. Orfila pidió convicción y empieza a recibir respuestas. La camiseta fue nueva; la sensación también: este "Santo" comienza a mostrar otra cara con claridad.


