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Lunes, 27 de julio de 2026
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Una psicóloga tucumana explicó el fenómeno de la campaña antiargentina en las redes: "Primero sentimos y después pensamos"

El fenómeno que se expandió en las plataformas digitales abrió un debate sobre la influencia, los prejuicios y la forma en que el cerebro procesa los contenidos que generan enojo, rechazo o identificación.

Juan Manuel Rovira4 min de lectura
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Una psicóloga tucumana explicó el fenómeno de la campaña antiargentina en las redes: “Primero sentimos y después pensamos”
Una psicóloga tucumana explicó el fenómeno de la campaña antiargentina en las redes: “Primero sentimos y después pensamos”

Resumen para apurados

La llamada "campaña antiargentina" que circuló en los últimos días en las redes sociales abrió un debate que trascendió lo deportivo y lo llevó al terreno de las emociones, la comunicación y la forma en que las personas procesan la información. Para la psicólogaCarmina Varela (MP 1213), más que quedarse en una discusión sobre opiniones, el fenómeno permite analizar cómo funciona la mente humana frente a los contenidos que generan impacto.

"Desafío es hablar de este tema sin hacer lo que está pasando en todos lados, que es simplemente dar una opinión. La idea es analizar desde la psicología cómo esto nos sirve para entender otras cosas y llevarlo a nuestra vida cotidiana", explicó la especialista en diálogo con LA GACETA.

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Según la especialista, uno de los primeros puntos para comprender por qué determinados mensajes tienen tanta repercusión es el llamado sesgo de autoridad, un mecanismo por el cual las personas tienden a darle mayor valor a una afirmación cuando proviene de alguien reconocido o famoso.

"Confundimos popularidad con autoridad. Muchas veces no cuestionamos de dónde viene esa información. Si te lo dice un amigo quizás preguntás de dónde lo sacó, pero cuando lo dice un actor, una cantante, un futbolista, un político o un influencer, no siempre nos detenemos a pensar si es una opinión o un hecho comprobado", señaló.

En ese sentido, Varela advirtió que las redes sociales se transformaron en una especie de nuevo currículum para muchas profesiones y actividades, pero que eso también puede generar confusiones. "Hoy buscás un profesional y una de las primeras cosas que mirás son sus redes: cuántos seguidores tiene, qué publica, qué contenido genera. Eso tiene cosas positivas, pero es peligroso confundir popularidad con autoridad".

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Otro de los factores que explican la viralización de ciertos contenidos tiene que ver con la manera en que las personas reaccionan frente a estímulos emocionales.

"Primero sentimos y después pensamos", resumió la psicóloga. Según explicó, las redes sociales, los titulares y las imágenes buscan captar la atención apelando a emociones fuertes como el enojo, el miedo, la sorpresa o la tristeza.

"Nosotros creemos que somos seres completamente racionales, pero la parte del cerebro que guía las emociones tiene millones de años más de evolución que la parte racional. Por eso muchas veces compartimos algo porque nos moviliza, antes de analizarlo".

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Para Varela, este mecanismo es utilizado frecuentemente en la construcción de contenidos virales: "Cuando se busca un gancho para una publicación o un título, se intenta generar una reacción. Puede hacerse de manera ética o no, pero lo cierto es que lo emocional tiene mucha fuerza".

Además, señaló que el cerebro humano tiene una tendencia natural a clasificar rápidamente la realidad. "Necesitamos saber si algo es bueno o malo, amigo o enemigo, cercano o lejano. Es una cuestión evolutiva. El problema aparece cuando esa necesidad de ordenar la realidad se transforma en un pensamiento rígido".

Para la especialista, uno de los aspectos más importantes del fenómeno es la aparición de una lógica de enfrentamiento entre grupos. "Esto de nosotros contra ellos podría aplicarse a cualquier situación: Argentina contra otro país, un grupo contra otro, una idea contra otra. Necesitamos ubicarnos, saber de qué lado estamos", explicó.

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Varela sostuvo que ese pensamiento dicotómico es propio de etapas tempranas del desarrollo y que la madurez emocional implica poder aceptar diferencias sin convertirlas en una amenaza.

"Cuando somos chicos pensamos en términos de todo o nada: si no estás conmigo, sos mi enemigo. Con el crecimiento aprendemos que podemos no coincidir en algo y, sin embargo, compartir muchas otras cosas".

En esa línea, alertó sobre los riesgos cuando una idea pasa de ser una opinión a transformarse en una convicción fanática.

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"Una idea puede ser inocente. El problema aparece cuando digo que todos son de determinada manera, cuando intento convencer al otro de que mi verdad es la única posible y, peor aún, cuando aparece el fanatismo y considero enemigo a quien piensa distinto".

"Los grandes hechos de violencia de la historia partieron de mecanismos similares: alguien que sostuvo que su verdad era la única y que quien estaba en contra debía ser eliminado. Por eso hay que prestar atención a estos procesos, aunque parezcan pequeños", agregó.

Varela también puso el foco en la diferencia entre expresarse libremente y las consecuencias que pueden tener determinados mensajes.

"Libertad de expresión no significa libertad de acción. Las personas pueden tener opiniones, pero las palabras tienen impacto".

En ese sentido, remarcó el rol de quienes tienen exposición pública: "Todo aquel que tiene una cámara, un micrófono o una plataforma tiene influencia. Hay una responsabilidad en lo que transmitimos, especialmente porque las generaciones más jóvenes son muy permeables".

Como cierre, la psicóloga propuso algunas herramientas para afrontar este tipo de situaciones: diferenciar hechos de opiniones, debatir sin agresiones y sostener convicciones sin transformar al otro en un enemigo.

"Hay que preguntarse cuáles son los hechos y cuáles son las interpretaciones. Podemos pensar distinto sin atacarnos. La libertad de expresión también implica responsabilidad", concluyó.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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