Una finca familiar que apunta a la inclusión
En un contexto donde cada vez son más necesarias las propuestas destinadas a la inclusión y al bienestar integral de las personas con discapacidad, surge en Catamarca un proyecto que combina la pasión por los caballos con el compromiso social.

En un contexto donde cada vez son más necesarias las propuestas destinadas a la inclusión y al bienestar integral de las personas con discapacidad, surge en Catamarca un proyecto que combina la pasión por los caballos con el compromiso social.
No es un centro ecuestre ni un club hípico tradicional. En Villa Parque Chacabuco, casi en el límite con el río del Valle, Ileana Villalobo y su esposo, Cristian Velardez, administran un espacio familiar que se define desde su propio nombre: Finca La Nona, un lugar donde padre, madre e hija, practican de afición equitación de salto y participan en competencias interprovinciales.
Allí, la experiencia deportiva se transforma en una herramienta de inclusión, poniendo los conocimientos ecuestres al servicio de la comunidad, ya que buscan integrar deporte, familia y equinoterapia en un mismo espacio.
También te puede interesar: Scaloni palpitó los dieciseisavos: "Estamos bien, ahora se viene lo bueno"
"La Nona" tomó ese nombre del apodo cariñoso con el que llaman a Silvia Brunello, madre de Ileana y pilar de una familia cuyo vínculo con los caballos viene arraigado desde generaciones atrás, pasando por un abuelo cordobés que criaba animales de carrera hasta el trabajo agrícola de su padre, José Villalobos. Tras una vida compartida con estos animales, el deseo familiar de que los caballos sirvieran como terapeutas decantó en un proyecto profesional que hoy combina la equitación inicial, el volteo y la equinoterapia.
"Nació con el objetivo de brindar un espacio de equinoterapia, equitación adaptada e inclusión social para niños, adolescentes y familias que buscan herramientas complementarias para mejorar su calidad de vida. El proyecto es impulsado por un equipo comprometido con el desarrollo humano, entendiendo que el vínculo entre el caballo y la persona genera beneficios físicos, emocionales, cognitivos y sociales de gran importancia", destacaron.
La equinoterapia es una actividad reconocida en todo el mundo por sus aportes al desarrollo de personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA), Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), discapacidades motrices, dificultades del aprendizaje y otras condiciones que requieren acompañamiento especializado. El movimiento tridimensional del caballo estimula el equilibrio, la coordinación, la postura y la percepción corporal, mientras que el contacto con el animal fortalece la confianza, la autoestima y la comunicación.
También te puede interesar: Dos voces unidas por la identidad y la música de la provincia
En una recorrida que Revista Express hizo bajo la atenta guía de Ileana, pudimos conocer que la finca cuenta con siete caballos, entre los que se encuentran dos animales jubilados por su avanzada edad, y otros recuperados de disciplinas tan diversas como las carreras o el polo. La selección no es azarosa: cada ejemplar posee un temperamento particular que se estudia minuciosamente para determinar qué funciones cumple mejor y con qué alumno se complementa adecuadamente.
La transición de los caballos hacia estas actividades demanda un proceso paciente de adaptación. Ileana recuerda que, al recibir animales habituados a la vorágine de otras prácticas, el trabajo inicial se realiza desde el suelo. "A veces me pasaba con el caballo que estaba quizás un tiempo pequeño montando y después me pasaba más como una hora desde abajo tocándolo", relata, remarcando la importancia de construir confianza mutua, especialmente con aquellos animales que pudieron haber tenido malas experiencias previas con otras personas.
El abordaje en Finca La Nona se caracteriza por la personalización estricta. Los turnos de trabajo son reducidos, contando habitualmente con un máximo de dos o tres alumnos por módulo para garantizar un acompañamiento atento a las reacciones del animal y a las necesidades del jinete. Esta misma filosofía se aplica al cuidado de los caballos, regulando sus cargas de trabajo para evitar la saturación; por ejemplo, los ejemplares destinados a los alumnos iniciales realizan caminatas de entre 30 y 40 minutos, alternando con periodos de descanso y socialización.
También te puede interesar: D'Agostini y Sampayo, se destacan en el "Poncho"
La equinoterapia encuentra su fundamento en las características biológicas y motrices del caballo, el cual actúa como el terapeuta principal en el proceso. Ileana, quien consolidó su formación mediante una diplomatura en equinoterapia dictada por la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Tucumán, señala que la marcha del caballo genera un movimiento tridimensional que transmite estímulos directos al sistema nervioso del jinete.
Al montar, el cuerpo del alumno experimenta de forma simultánea desplazamientos hacia adelante y atrás, movimientos laterales que exigen el trabajo de los músculos oblicuos del abdomen para mantener el equilibrio en el centro del animal, y oscilaciones verticales provocadas por el andar del caballo. "Genera en el sistema nervioso, está estudiado, impulsos nerviosos que van a distintas partes del cuerpo y estimulan", detalla Villalobo.
A estos estímulos mecánicos se suma el factor térmico. La temperatura corporal del caballo es superior a la del ser humano. Este contacto directo actúa físicamente sobre el cuerpo del alumno, favoreciendo la relajación muscular y la flexibilidad, una respuesta que Ileana observó de manera directa en casos de alumnos con rigidez motriz que, tras sucesivas sesiones, comenzaron a flexibilizar sus extremidades inferiores. Asimismo, el bienestar emocional se ve influenciado por el contacto estrecho con el animal y la percepción de su frecuencia cardíaca.
También te puede interesar: Así quedó la tabla de los mejores terceros del Mundial 2026: cuál es la potencia que se quedó afuera
Otra de las disciplinas clave en la finca es el volteo, definido como una gimnasia ecuestre realizada sobre el lomo del caballo utilizando un cincho provisto de manijas. Esta actividad sirve como paso inicial tanto en la equitación deportiva como en el volteo adaptado, enfocado en personas con alguna discapacidad o condición particular. A través de ejercicios lúdicos que van desde pararse sobre el animal hasta ejecutar movimientos en diferentes marchas (paso, trote y galope), los alumnos desarrollan equilibrio, fuerza y flexibilidad.
"Es una actividad linda que la podés hacer como inicial", comenta Ileana, y recuerda su experiencia previa trabajando en volteo adaptado junto a los niños de la Fundación Lazos en las instalaciones del Club Hípico. El volteo permite que el alumno gane confianza antes de afrontar las exigencias de la equitación tradicional, donde el desafío radica en aprender a montar y disociar las distintas partes del cuerpo, utilizando las piernas para sostenerse e impulsar, y las riendas exclusivamente para guiar, no para mantener el equilibrio.
Las sesiones de equinoterapia se concentran los sábados por la mañana con niños cuyas edades oscilan mayoritariamente entre los 6 y 12 años. Para acceder a la actividad, la finca exige un requisito fundamental: un certificado emitido por el médico especialista de cabecera del paciente (ya sea neurólogo, traumatólogo o psicopedagogo) que respalde la práctica. Esta medida resulta indispensable dado que ciertas condiciones, como determinados tipos de condiciones contraindican la monta y requieren que el trabajo terapéutico se realice exclusivamente desde el suelo.
También te puede interesar: Sudáfrica y Canadá ponen en marcha los 16vos de final
Tanto para los niños que asisten a terapia como para los adultos que toman clases de manejo o salto de lunes a viernes, el aprendizaje se plantea como un disfrute lúdico alejado de las presiones del reloj. Ileana enfatiza que forzar los tiempos de un alumno puede generar bloqueos emocionales o retrocesos en su confianza, por lo que se prioriza la adaptación orgánica al entorno natural de la finca, permitiendo que incluso los chicos temerosos se acerquen al animal por iniciativa propia.
El sostenimiento del espacio representa un esfuerzo familiar continuo. Al tratarse de una estructura que no se autofinancia únicamente con el cobro de las clases, las tareas de mantenimiento, la adquisición de herraduras, los ciclos cronometrados de desvasado y el cumplimiento estricto del calendario de vacunación se solventan mediante ingresos laborales externos y el apoyo familiar, contando además con la asistencia técnica de una médica veterinaria allegada desde los inicios del proyecto.
Más allá de los beneficios terapéuticos, La Finca busca convertirse en un espacio de encuentro comunitario donde las familias puedan sentirse acompañadas, compartir experiencias y construir redes de apoyo. La inclusión no se limita únicamente a la práctica de actividades ecuestres, sino que se extiende a la generación de oportunidades para la participación social y el desarrollo personal.
Actualmente, el proyecto continúa avanzando en el fortalecimiento de su infraestructura y en los procesos administrativos necesarios para consolidar su funcionamiento, con la visión de transformarse en un referente provincial en materia de equinoterapia.
Con esfuerzo, compromiso y una mirada puesta en el futuro, este proyecto catamarqueño continúa creciendo, demostrando que la solidaridad, la inclusión y el amor por los caballos pueden convertirse en una poderosa herramienta para transformar vidas.
Texto: Peze Soria
Fotos: Ariel Pacheco


