Una amenaza que evoluciona

El último Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito sostiene que el narcotráfico es una amenaza que evoluciona con una velocidad superior a la capacidad de reacción de muchos Estados. El panorama que describe el organismo es inquietante. Nunca antes habían circulado tantas sustancias psicoactivas diferentes, ni nunca el mercado ilegal había demostrado semejante capacidad para adaptarse a las regulaciones, aprovechar las nuevas tecnologías y abrir rutas alternativas de comercialización.
En 2024 se estima que 331 millones de personas consumieron algún tipo de droga, un incremento cercano al 20% respecto de una década atrás. Mientras el cannabis continúa siendo la sustancia más difundida, preocupa especialmente el crecimiento de las drogas sintéticas, así como la expansión planetaria de la metanfetamina. Son mercados extraordinariamente rentables, capaces de reinventarse con una rapidez que desafía los controles tradicionales. Particularmente alarmante resulta el crecimiento de la producción mundial de cocaína. En apenas diez años se cuadruplicó hasta superar las 4.000 toneladas de cocaína pura.
Es alarmante el crecimiento de la producción mundial de cocaína. En apenas diez años se cuadruplicó hasta superar las 4.000 toneladas de cocaína pura. Es alarmante el crecimiento de la producción mundial de cocaína. En apenas diez años se cuadruplicó hasta superar las 4.000 toneladas de cocaína pura.
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La Argentina ya no puede seguir considerándose un país de tránsito relativamente marginal. Desde hace varios años, las investigaciones judiciales muestran una realidad distinta, con la consolidación de organizaciones criminales con capacidad logística, financiera y armada. Catamarca tampoco permanece ajena a esta realidad. Su ubicación geográfica, conectada mediante corredores viales con provincias como Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba y La Rioja, la convierte en un territorio utilizado por organizaciones criminales para el transporte de estupefacientes. Si bien los volúmenes incautados en el territorio provincial son considerablemente inferiores a los registrados en otras jurisdicciones, esto no debe conducir a una falsa sensación de seguridad.
Frente a este panorama, la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito señala que una estrategia eficaz debe articular, al menos, cinco dimensiones: la primera es la inteligencia criminal coordinada, fortaleciendo el intercambio de información entre fiscalías provinciales y federales y profundizando la cooperación con organismos regionales e internacionales.
La segunda dimensión es el control del lavado de activos, en un intento de privar a las organizaciones de sus ganancias y por ende de su poder y capacidad de influencia.
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La tercera es la prevención social. El informe de la ONU es explícito: la pobreza, la falta de hogar, los problemas de salud mental y la ausencia de servicios sociales son los factores que convierten a las personas en consumidores vulnerables y en mano de obra disponible para las redes criminales.
La cuarta dimensión es el fortalecimiento institucional local, dotando de recursos al Poder Judicial con recursos, fiscales especializados en delitos complejos y policías bien entrenados. La quinta dimensión es la transparencia. Los ciudadanos tienen derecho a saber qué ocurre en su territorio.
La batalla contra el narcotráfico requiere, en definitiva, de una estrategia integral, sostenida en el tiempo y respaldada por consensos políticos amplios.


