Saltar al contenido
Lunes, 3 de agosto de 2026
Primera Línea

Diario nacional · La información en primer plano

Nacionales

"Tucumán no produce solo limón": la mirada de un italiano sobre el vino local

Giacomo Spaini, fundador de Finca Albarossa, afirma que la provincia tiene una oportunidad para construir una identidad vitivinícola propia y conquistar nuevos mercados.

Ariane Armas5 min de lectura
Compartir
“Tucumán no produce solo limón”: la mirada de un italiano sobre el vino local
“Tucumán no produce solo limón”: la mirada de un italiano sobre el vino local

Resumen para apurados

Cuando Giacomo Spaini llegó por primera vez a los Valles Calchaquíes no estaba buscando una nueva tierra para hacer vino. Había nacido en Italia, en una familia vinculada a la vitivinicultura, y conocía de cerca una tradición que en su país tiene siglos de historia. No obstante, aquel viaje por el norte argentino, realizado en el año 2000, le dejó una imagen difícil de olvidar: un paisaje inmenso, una luz particular y un territorio donde la vid parecía encontrar un lugar diferente.

"Mi familia produce vino en Italia. La idea fue de la mamá de mi hijo, que me dijo: '¿Por qué no este lugar? Es tan lindo, tan particular. No existe un lugar como este en el mundo que se pueda hacer con este sol del valle'", recuerda Spaini.

También te puede interesar: San Lorenzo visita a Central Córdoba con cambios y la chance de escalar en la Zona A

Aquella impresión inicial terminó convirtiéndose en un proyecto de vida. Hoy es propietario de Finca Albarossa, un emprendimiento que combina viñedo, bodega y hotel boutique en Colalao del Valle, sobre la Ruta Nacional 40, en pleno corazón de los Valles Calchaquíes tucumanos.

Su historia fue una de las protagonistas del último panel de "Encuentros LA GACETA: Vino y Territorio", donde compartió su mirada sobre el presente y el futuro del vino tucumano. La visión de alguien que llegó desde uno de los países con mayor tradición vitivinícola del mundo y eligió Tucumán para apostar por una región que todavía busca consolidar su identidad.

La elección del lugar no fue casual. Spaini conocía la experiencia de Cafayate, una región con más de un siglo de producción vitivinícola y con bodegas ya instaladas en el mercado nacional e internacional.

También te puede interesar: Boca va por el "Chimy" Ávila para reforzar el ataque

"Teníamos una idea: podíamos ser los primeros, estar en el grupo de los primeros en Tucumán", explica.

Para él, esa diferencia fue una oportunidad. Mientras otras regiones ya tenían una historia construida alrededor del vino, los Valles Calchaquíes tucumanos ofrecían la posibilidad de formar parte de una nueva etapa. "En Cafayate iba a ser uno de los cien. En Tucumán podía ser uno de los primeros cinco", resume.

La apuesta implicaba construir no solamente una bodega, sino también una identidad. Un camino que todavía continúa para que los valles del Jardín de la República sean reconocido no solamente por su producción citrícola, sino también por sus vinos de altura.

También te puede interesar: Iban a festejar los 15 años de su hija, un árbol cayó sobre la camioneta y ambos murieron

"Muchos porteños no saben que en Tucumán se produce vino. Piensan que se produce solamente limón", afirma.

La experiencia de Spaini también le permitió comparar dos mundos vitivinícolas diferentes: Italia y Tucumán. En su tierra natal, explica, las bodegas suelen ser pequeñas y familiares, con una tradición muy arraigada. En su finca italiana trabajan cuatro hectáreas y producen vinos de alta gama. Pero el paisaje tucumano ofrece una característica que modifica todo: la altura.

"Nosotros estamos entre los 1.800 y los 2.000 metros. En Italia estamos a unos 400 metros", relata.

También te puede interesar: Jujuy tendrá su primer Festival Nacional del Éxodo

Esa diferencia influye en la manera de trabajar la uva y en el estilo de vino que busca elaborar. Mientras muchas producciones apuntan a mayores graduaciones alcohólicas, en Finca Albarossa buscan un perfil diferente.

"A nosotros nos gusta un vino con menos alcohol, con un límite de 13,5 o 14 grados", explica.

También destaca una diferencia en la forma de entender el trabajo vitivinícola. En Italia, dice, el enólogo suele acompañar tanto el trabajo en el campo como el proceso dentro de la bodega. En Argentina, tradicionalmente, esas tareas suelen estar más separadas.

También te puede interesar: Desapareció 43 días y sobrevivió comiendo caña de azúcar: la impactante historia de un atleta olímpico

Para Spaini, uno de los grandes desafíos actuales de la industria no está solamente en producir buenos vinos, sino en encontrar nuevas formas de acercarlos al público. "El consumo del vino en el mundo va bajando por muchas razones culturales, de salud y de hábitos. El vino solo no es suficiente", analiza.

Su respuesta está vinculada al turismo. Transformar la botella en una experiencia: "Se debe vender un sentimiento, un lugar, una idea".

Esa filosofía está detrás del crecimiento de Finca Albarossa, que además de producir vinos ofrece alojamiento y gastronomía. El objetivo es que quienes llegan al valle no solamente prueben un vino, sino que conozcan el paisaje donde nació, compartan una comida y permanezcan en contacto con la cultura del lugar.

"Es lo mismo que hacen el 80% de las bodegas en Italia", explica.

La propuesta conecta con una tendencia mundial, la del turismo enológico, donde el viajero busca conocer las historias detrás de los productos que consume.

Spaini sostiene que Tucumán tiene una riqueza que todavía necesita mayor difusión. La combinación entre paisaje, altura, cultura y producción puede convertirse en una marca propia.

"Se debe cuidar la naturaleza, el medio ambiente y las tradiciones culturales. Todo esto debe estar en nuestro trabajo", afirma.

Es que para él, la identidad del vino tucumano no debe buscar copiar modelos externos, sino construir una propuesta propia: "Argentina tiene muchas oportunidades porque es un país grande. Lo que se puede hacer acá no se puede hacer en Italia".

Aunque de todas maneras reconoce que existen desafíos, y que uno de ellos es la competencia internacional y los costos para ingresar a nuevos mercados.

"Una botella de vino argentino llega a Europa a un precio más alto que un vino europeo. Ese es un problema", explica.

Aun así, confía en el potencial del país y en la preparación de sus trabajadores y profesionales: "No hay que tener miedo al nivel profesional de la gente que trabaja en Argentina. Es un patrimonio muy importante".

Después de más de dos décadas entre Italia y Tucumán, Spaini mira los Valles Calchaquíes con la distancia de quien llegó desde afuera, pero también con el compromiso de quien eligió quedarse. Y su apuesta es que el vino tucumano deje de ser una sorpresa para convertirse en una parte reconocida de la identidad provincial.

#sociedad#tucuman#produce#solo#limon#mirada#italiano#sobre#vino#local#tucumán
Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
Compartir

Más de Nacionales