Transforma su dolor en empatía y contención
El recuerdo de su hija inspira a Mabel Colque a ayudar a jóvenes que viven adversidades yestán en situación de calle.

Con un alma tan fortalecida que no decae a través del tiempo, siente que tiene una misión muy especial en la vida.
Y es que, basada en un trabajo de superación personal que abraza lo social, se autoayuda para afrontar una adversidad que le es difícil de asimilar todavía.
La vida de Mabel Colque cambió drásticamente cinco años atrás cuando llegó a su casa y se encontró con una postal imposible de olvidar. Su hija, una adolescente de catorce años, había cometido un acto desafortunado contra sí misma y trascendió a otro plano, apagando su existencia en los primeros años de juventud.
El capítulo más difícil perdura en la mente de Mabel como herida abierta en el corazón, por lo que el recuerdo de lo sucedido se termina ahogando en tristeza discreta, silenciosa.
No obstante, fue debido a esta situación de dolor que su vida dio un giro impensado. Y es que fue aprendiendo del camino para seguir adelante.
"Había perdido a mi única hija y, en ese tiempo, realmente no tenía ganas de hacer nada. Era de pensar que mi vida había terminado el día que ella se fue", reveló Colque. La paciencia, la observación y esa manera de entender el mundo que sólo tienen las personas que atraviesan por eventos desafortunados, fueron indispensables para que aceptara una propuesta de trabajo del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), que habilitaba un espacio dedicado a las personas con adicciones en situación de calle.
"Cuando me llega el ofrecimiento estaba viva mi hija, a los seis meses muere y tuve que re plantearme todo. Tuve un tiempo para acomodarme y decidí trabajar en el dispositivo del MTE, es lo que hoy hago y me gusta", dijo quien adoptó como terapia, el servicio social. "Veía el dolor de otras personas y comprendía más. Desde mi lugar, era empatizar y transformar el dolor en el trabajo a pesar de lo que sentía personalmente. Yo estaba pasando por un momento muy difícil en mi vida y encontré en este trabajo una manera de salir adelante", indicó Colque.
La vida la sorprendió de una manera inimaginable. Su hija Nerea asistía al primer año del nivel secundario. "Llegué a la casa y encontré toda la situación, ella era una persona sana, hasta hoy no sé, ni entiendo porqué", explicó esta madre que realiza terapia con una psicóloga para sobrellevar lo acontecido.
Cada día se sostiene como ser humano. Ella rememora el tiempo compartido con su hija, que no se trata sólo de recuerdos, sino que son pequeñas ventanas abiertas a un ser que no quiere, ni desea olvidar. "Trato de poder tener autoestima en equilibrio y la estoy trabajando con mi psicóloga mi parte personal como el control de emociones, porque siento que estoy saliendo adelante gracias a trabajar en este dispositivo", reflexionó con resiliencia. Ahí es cuando al dolor lo convierte en ayuda. "De alguna manera lo que pasó con mi hija, lo veo reflejado en lo que sucede día a día en el dispositivo", aclaró.
Es que las personas que se acercan para recibir asistencia, precisan una contención que encuentran con el equipo interdisciplinario, donde interviene una trabajadora social, un terapeuta y una psicóloga. "Los jóvenes vienen con todo el bagaje de la problemática que lleva el consumo, la delincuencia o el ser expulsados por sus seres queridos. Llegan totalmente solos y hay que volverlos a estructurar desde lo más básico", detalló quien coordina las actividades y supervisa las situaciones más complejas.
"Hace un año, que nos trasladamos de Cuyaya a Malvinas Argentinas en la calle Puesto San Carlos sin número, de lunes a viernes de 9 a 17", indicó con su voz firme en el relato, quien escucha sin juzgar con la seguridad de estar rindiendo un homenaje a su Nerea, que quizás sonría en otro plano.
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