La recuperación no llega a barrios populares: cae el consumo de alimentos y crece la deuda
Mientras la macroeconomía muestra señales de estabilización, la economía cotidiana en los sectores bajos está marcada por la supervivencia. Un relevamiento privado advierte sobre el impacto del fiado y la falta de ingresos fijos.
Mientras algunos indicadores macroeconómicos muestran tímidas señales de estabilización, en los barrios populares la economía cotidiana sigue marcada por la supervivencia pura. Los ingresos familiares alcanzan cada vez para menos días del mes y la prioridad absoluta de los hogares continúa siendo, de manera exclusiva, garantizar el plato de comida diario. En este complejo escenario, si aparece un ingreso inesperado o un dinero extra, la decisión unánime es saldar deudas pendientes antes que realizar otros consumos básicos o pensar en el ahorro. La subsistencia en estos sectores denota una fuerte dependencia del empleo informal y las denominadas changas, mientras que los únicos canales de financiación vigentes continúan siendo el fiado en el almacén del barrio y el auxilio de la red familiar.
Un reciente relevamiento elaborado por la consultora Focus Market sobre hogares que asisten al comedor comunitario Pequeños Gigantes, en Florencio Varela, reveló que el 93% de los ingresos familiares se destina a la compra de alimentos. Este nivel de gasto absorbe prácticamente la totalidad del presupuesto disponible y deja un margen nulo para cubrir otras necesidades esenciales de la vivienda. El estudio traza una cruda radiografía de cómo administran sus recursos las familias vulnerables en un contexto donde la inflación general tiende a la baja, pero la recuperación económica real todavía no se traduce en una mejora del poder adquisitivo. Como consecuencia directa, la variable de ajuste más dolorosa en los sectores más bajos continúa siendo la reducción drástica de las porciones de comida ante una mayor presión de las tarifas de servicios públicos.
La investigación privada expone que la informalidad laboral es la característica central de la economía popular actual. Cuatro de cada diez encuestados afirmaron que cuentan con ingresos variables mensuales, mientras que un 32% manifestó no tener ningún tipo de ingreso propio y apenas el 21% de la muestra recibe un ingreso fijo mensual. De acuerdo con datos de la consultora Empiria, el ajuste del mercado de trabajo se está dando por calidad y no por cantidad de puestos.
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Aunque el empleo global creció levemente un 0,3% entre fines de 2023 y el inicio de 2026, la suba se explicó por una pérdida de 190.000 puestos registrados privados y 70.000 públicos, los cuales fueron compensados por la suma de 300.000 empleos no asalariados informales y cuentapropistas. Actualmente, los trabajadores informales representan más de la mitad del mercado laboral argentino.
Esta excesiva dependencia de actividades inestables y ocasionales elimina cualquier posibilidad de organizar las finanzas del hogar. El 55% de los participantes de la encuesta afirmó que no tiene ningún momento del mes en el que logre cierta tranquilidad económica, mientras que solo el 23% identifica los primeros días posteriores al cobro como un período de alivio temporal.
El director de Focus Market, Damián Di Pace, sostuvo que estos números reflejan la elevada vulnerabilidad de los hogares periféricos. En sintonía con esto, desde el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) señalaron que el universo de empleados informales en los asentamientos alcanza a cerca del 70% de los hogares, una cifra que escala de forma alarmante hasta el 90% cuando se analiza de forma exclusiva al universo de jóvenes de barrios populares. Además, el sociólogo Santiago Poy remarcó que el 60% de estas familias debe combinar obligatoriamente ingresos laborales informales con programas de asistencia estatal, como la Asignación Universal por Hijo (AUH), y el auxilio de comedores y merenderos.
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Debido a que la canasta de alimentos concentra casi todo el gasto mensual, las deudas pasaron a convertirse en el principal condicionante financiero. El 44% de los encuestados ubicó el pago de deudas entre sus erogaciones habituales, pero al consultarles cuál fue el rubro que más pesó en sus bolsillos durante el último año, el porcentaje se disparó al 62%, ubicándose por encima de los servicios públicos y el alquiler. Ante la hipótesis de recibir un ingreso extra, el 53% respondió que lo utilizaría de inmediato para cancelar deudas contraídas, mientras que solo el 19% lo destinaría al consumo y apenas un ínfimo 2% afirmó que podría guardarlo como reserva.
Desde el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCi), el especialista Isaac Rudnik explicó que el nivel de deuda actual representa entre el 15% y el 20% de los ingresos totales de los hogares. Se trata de un componente invisible pero asfixiante, debido a que no se incluye en las mediciones oficiales del INDEC que fijan los umbrales de la canasta básica para medir la pobreza y la indigencia. Rudnik describió que la morosidad y el financiamiento forzoso configuran una realidad tóxica que antes no estaba presente con tanta fuerza.
Según una encuesta de ISEPCi realizada sobre 1.301 hogares, casi la mitad de los consultados (47%) manifestó que para llegar a fin de mes debe endeudarse obligatoriamente, el 39% llega con severas dificultades recortando gastos no esenciales, el 12% llega justo y sin margen, y solo un 2% admitió que llega cómodo y logra capacidad de ahorro.
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La recesión se siente con fuerza en los consumos básicos de la vida familiar. Todos los especialistas coinciden en que el 80% de los hogares relevados padece cuadros de inseguridad alimentaria generalizada, definida técnicamente como la reducción involuntaria de porciones o la supresión de comidas diarias.
Desde ISEPCi destacaron la gravedad de este indicador, considerando que la muestra abarca a cientos de hogares donde el principal sostén económico cuenta con un trabajo registrado formal. En paralelo, los indicadores de consumo de Focus Market revelan que el 65% de los participantes dejó por completo de comprar indumentaria y ese mismo porcentaje redujo severamente la compra de carne vacuna en el último año. Además, el 41% de las familias recortó por completo las salidas recreativas.
El dato más sensible del informe muestra que el 20% de los encuestados aseguró haber dejado de comprar medicamentos esenciales por falta de dinero, reflejando que la restricción presupuestaria ya afecta directamente a la salud de la población.
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Con una capacidad de ahorro casi inexistente, las familias dependen de sus redes informales de contención: el 44% realiza changas adicionales, el 35% compra bajo la modalidad de fiado en el comercio de cercanía y el 28% acude a la ayuda económica de familiares directos. En contraposición, solo el 12% mencionó la asistencia social del Estado como la principal herramienta para atravesar la crisis, lo que demuestra que el fiado comercial actúa hoy como el verdadero e indispensable amortiguador financiero por fuera del sistema bancario tradicional.


