Saltar al contenido
Domingo, 5 de julio de 2026
Primera Línea

Diario nacional · La información en primer plano

Educación

"La puerta del aprendizaje es la atención"

En El cerebro en el aula, Florencia Draksler -junto a Mariana Majul y Silvia Mora- propone acercar los avances de la neuropsicología a la práctica docente. Explica por qué dormir bien, reducir las distracciones y comprender cómo funciona la memoria son claves para aprender.

Redacción LA GACETA7 min de lectura
Compartir
“La puerta del aprendizaje es la atención”
“La puerta del aprendizaje es la atención”

-Muchas veces en el aula los docentes se encuentran con casos de dislexia o TDA (Trastorno por déficit de atención) y a la hora de abordarlos o preparar los contendidos para esos casos aparecen limitantes como la falta de formación o de tiempo después de salir del aula.

-Es habitual que el docente te diga: "tengo 40 alumnos y no puedo con todos". Hoy la diversidad entró de forma mucho más visible en el aula y parte de la tarea docente es acompañar esa diversidad con la exigencia que implica. Hay casos en que se necesitan más recursos humanos, o condiciones en las que un docente solo no puede acompañar. La idea que teníamos cuando hicimos el libro era dar al docente el conocimiento para que sea él quien genere esas estrategias. Entendiendo que hay cosas que un chico puede necesitar mucho y otros no tanto.

-En El cerebro en el aula se hace hincapié en la atención.

También te puede interesar: La UNT aprobó la reforma del estatuto de YMAD

-La puerta del aprendizaje es la atención. Entonces, lo primero que tenemos que construir es un comportamiento atento. Tenemos que lograr, más allá después de todos los recursos que podamos implementar, que el chico esté conectado, que esté ahí. Nada puede quedar en la memoria si la persona "no estuvo ahí". Siempre fue un desafío, siempre existió en el aula quienes no prestaban atención. Hoy sabemos que la atención está vulnerada por las pantallas, por la estimulación rápida. La forma de lidiar con las dificultades que podamos tener en cualquier función cognitiva es conocer cómo funcionamos. Hablamos de diferentes tipos de atención. Uno tiene que ver con el alerta y cómo puede afectar, por ejemplo, que un chico no haya dormido bien o que en general no tenga buenos patrones de sueño, que es algo muy frecuente hoy por el efecto de las pantallas. Llegan del colegio recontra alterados y no se paran de mover, agitados, gritando. Tenemos que lograr un estado de calma que permita la conexión. Tendemos a pensar la atención como algo pasivo pero debemos explicar a los alumnos –también a los docentes- que la atención es un trabajo activo, que en general fluctúa y que, si en algún momento te desconcentrás, no es que te portaste mal, sino que es algo que es esperable que pase. Entonces podés volver a concentrarte y a conectarte con la clase.

-¿Cuánto influye sobre la atención el uso de las pantallas y la inmediatez de las redes?

-Hay un estudio del Observatorio Argentino que habla de la distracción de los chicos en el aula, cuánto influye en el aula que los chicos estén usando pantallas y –dentro de ellas- el celular. No tener el celular también los distrae por la adicción que genera. Sí puedo hablar mucho desde la experiencia, desde la clínica.

También te puede interesar: Aprender 2025: Catamarca mejoró en Lengua, no en Matemática

Esta cuestión de que todo tiene que ser mucho más breve, o de que si estoy viendo algo y me aburre enseguida puedo acceder a otra cosa. La tolerancia a la frustración y a la espera -incluso en los adultos- cambió muchísimo en los últimos años. La tolerancia en una conversación para llegar a un tema, por ejemplo, ha caído muchísimo.

-¿Existe el denominado multitasking?

-Antes se hablaba de atención dividida. Hoy se sabe que la atención no se puede dividir. Si estoy haciendo algo que me demanda atención y hay otra cosa que también quiero hacer, no debe ser algo muy demandante, tiene que estar automatizado. O sea, tengo que poder hacerlo sin pensar demasiado. El cerebro no puede estar en dos cosas al mismo tiempo. Cuando le pedimos eso, lo que hace es alternar entre las dos cosas, con un alto costo alto. Conectar con una cosa, poner el foco, engancharme con otra, desengancharme; es un trabajo muy costoso para el cerebro. Si quiero mantener la atención en algo, cuantos más estímulos ponga tiene que eliminar los otros, lo que compite con eso en lo que me quiero concentrar. Cuantas más cosas mi cerebro tenga que eliminar, más se fatigará.

También te puede interesar: La UNCA impulsa la prevención sísmica en las escuelas

-El libro además derriba mitos como el de "no estudiar de memoria" o de permanecer toda la noche estudiando antes de un examen desconociendo la importancia del descanso para fijar conceptos.

-En la escuela antes se enseñaba de memoria. Nosotros decimos que no podemos aprender sin memoria. Es la facultad que nos permite aprender. Si tenemos un conocimiento es porque accedemos a él cuando ya no lo tenemos adelante y para que esté almacenado en nuestro cerebro tiene que funcionar la memoria. Ahora, a lo que las personas hacen alusión en general cuando se refieren a "estudiar de memoria" es a la repetición de un contenido de forma automática sin demasiada comprensión. La memoria funciona asociando, y una fase crucial para que la información se almacene es la codificación, lo que hace el cerebro siempre. Es el único mecanismo que tiene; asociar lo nuevo que quiero aprender con lo que ya tengo. Eso implica activar conocimientos previos, pensar, partir de una plataforma y anclar lo que yo quiero saber a esa plataforma. Cuando estamos despiertos, recibimos información nueva todo el tiempo del mundo que nos rodea. En el sueño el cerebro deja de tener todo ese estímulo. Entonces lo que hace es repetir todo lo que pasó durante el día, todo lo que aprendió. De esa forma se consolidan esos conocimientos y esas experiencias. Por eso también muchas veces soñamos con cosas que tienen que ver con lo que hicimos durante el día, porque tiene esa oportunidad -fuera del flujo de la experiencia consciente- de repetir y consolidar en la memoria.

PERFILFlorencia Draksler es licenciada en Psicopedagogía por la Universidad Católica Argentina y magíster en Neuropsicología por el Instituto Universitario del Hospital Italiano. En ambas instituciones se desempeña actualmente como docente. Es neuropsicóloga senior en el Servicio de Neurología Cognitiva del Centro de Rehabilitación de Fleni. Integra el equipo de Ceneco (Centro de Neuropsicología Cognitiva).

También te puede interesar: Presentaron 11 proyectos en la rueda de capitalización de "Aprender a Emprender"

Crisis social de la atención*Por Florencia Draksler, Mariana Majul y Silvia Mora

Un aspecto central del comportamiento atento es la capacidad de "quedarnos" durante un tiempo determinado con nuestro foco de conciencia en aquello que es relevante o significativo tanto para nosotros como para el mundo que nos rodea. Esta red es fundamental en el espacio escolar, que debe considerar cómo lograr que el contenido a ser enseñado se torne significativo para que los estudiantes focalicen su atención en aquello que deben aprender. Para ello, y desde el punto de vista de la red atencional, es indispensable contar con un control inhibitorio; es decir, inhibir otros estímulos que puedan apartarnos de ese foco. En otras palabras, se trata de controlar las interferencias. Para ello nuestro cerebro cuenta con una red o circuito específico, la red ejecutiva o de control cognitivo, que sustenta la tan preciada capacidad de concentración. Las estructuras que componen esta red a nivel de los circuitos cerebrales son fundamentales para que, una vez que decidimos focalizar en algo -orientación endógena de la atención- seamos lo suficientemente eficaces para regular los distractores y así mantener la atención en ese tema.En la sociedad actual, esto se vuelve cada vez más difícil, y algunos autores incluso hablan de una "crisis" social de la atención. Hemos experimentado un aumento masivo en la cantidad de información a la que estamos expuestos, lo que hace que vivamos frecuentemente por fuera de los límites de nuestros propios re cursos atencionales. Así, esta capacidad que nos permite, a través de estructuras como la corteza prefrontal, filtrar información no relevante, se encuentra funcionando constantemente en un estado de alta saturación. En este contexto, más allá de los casos en los que existen alteraciones en el desarrollo típico de estas redes, sostener el foco de atención sin alternar rápidamente de una tarea a otra, resulta un desafío para todos.Si pensamos, por ejemplo, en un niño o adolescente jugando videojuegos, podemos observar que logran mantenerse atentos durante largos periodos de tiempo. Sin embargo, esto no les supone un esfuerzo consciente: son los diseñadores de video juegos quienes trabajan arduamente para lograr que ese estímulo resulte llamativo y dominante. En estos casos, la regulación de la atención es totalmente externa y, por lo tanto, mantener la mente enfocada en ese estímulo no genera fatiga. Lo mismo sucede incluso con los adultos frente al celular y las redes sociales. Sin embargo, cuando se trata de perseguir metas a mediano o largo plazo, como estudiar, en el caso de los jóvenes, o mantener un buen rendimiento laboral, en el caso de los adultos, lo que deseamos que sea nuestro foco de atención no siempre es intrínsecamente estimulante. Aquí es donde surge el conflicto de competencia entre estímulos. En estos casos es que interviene nuestra red ejecutiva, incrementando la actividad en los circuitos que procesan información relevante para lograr nuestros objetivos e inhibir aquellos que generan interferencias.*Fragmento de El cerebro en el aula.

Por Flavio MogettaPara LA GACETA - BUENOS AIRES

#educacion#puerta#aprendizaje#atencion#tucuman
Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
Compartir

Más de Educación