La fuerza del campeón: Argentina volvió a sobrevivir, le regaló a Messi un partido más y ahora va por Inglaterra
La Selección no jugó bien y sufrió más de lo esperado contra Suiza, pero volvió a encontrar respuestas cuando el partido parecía complicarse. "Dibu" la sostuvo; los goles de Julián Álvarez y Lautaro Martínez la llevó a semifinales.

Un campeón del mundo que avanza a los contra viento y marea, un arquero que aparece cuando el equipo más lo necesita, partidos que se complican hasta límites insospechados y una Selección que, aun cuando no juega bien, se las arregla para seguir viva. Sí; 36 años después hay imágenes que comienzan a resultar conocidas.
Italia 90 queda demasiado lejos como para trazar comparaciones exactas. Aquella Argentina era otra, pero los Mundiales tienen esas extrañas conexiones que atraviesan épocas. La Selección de Carlos Bilardo había llegado a Italia para defender el título conseguido cuatro años antes en México y terminó construyendo su camino a la final entre sufrimientos, penales, las manos de Sergio Goycochea y el carácter de un equipo que se resistía a aceptar el final.
Esta Argentina llegó a Estados Unidos con una historia diferente. Campeona del mundo, bicampeona de América, dueña de una identidad reconocible y con la tranquilidad de haber demostrado durante años que podía imponerse desde el juego. Sin embargo, a medida que este Mundial avanza, el camino empieza a exigirle otras cosas; y contra Suiza le exigió casi todas.
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Argentina no jugó bien; sería absurdo esconderlo detrás de la clasificación. Se puso en ventaja a los 9 minutos, cuando Alexis Mac Allister anticipó en el primer palo después de un córner de Lionel Messi, y durante un rato creyó haber encontrado el partido que quería.
Suiza tenía más la pelota, acumulaba pases, pero no encontraba profundidad. La "Scaloneta" esperaba; le cerraba espacios y dejaba correr los minutos. Pero el problema, esta vez, fue que se quedó demasiado.
Existe una diferencia entre manejar los tiempos de un partido y dejar de jugarlo, y Argentina cruzó esa frontera. Primero dejó de atacar, después empezó a retroceder y finalmente convirtió a "Dibu" Martínez en la figura de un duelo que, hasta entonces, parecía tener bajo control.
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Suiza avisó una vez, después otra, y otra más. "Dibu" respondió ante Breel Embolo, volvió a hacerlo frente a Djibril Ndoye y también ante Granit Xhaka. Durante varios minutos, Argentina creyó que administraba una ventaja pero, en realidad, la estaba sosteniendo su arquero. Hasta que ya no pudo.
Ndoye construyó y terminó la jugada del 1 a 1. Fue la consecuencia de lo que estaba ocurriendo. Argentina se había metido demasiado cerca de su arco y Suiza, que durante el primer tiempo no había sabido qué hacer con la pelota, empezó a encontrar espacios. Entonces el partido volvió a cambiar.
La expulsión de Embolo, después de la intervención del VAR, dejó a Suiza con 10 y le devolvió a Argentina algo que había perdido: la obligación de ir a buscarlo.
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No apareció inmediatamente el fútbol; pero como siempre en este Mundial, apareció el empuje.
Argentina comenzó a jugar en campo rival, pero durante varios minutos le costó transformar la superioridad numérica en superioridad futbolística. Nicolás González tuvo una, Mac Allister no pudo resolver debajo del arco y Messi, en una de sus pocas apariciones claras, arrancó desde la izquierda, se cerró hacia el medio y sacó un derechazo que pasó besando el palo. Y otra vez, como contra Cabo Verde, el partido se fue al alargue.
En ese tramo Thiago Almada probó desde afuera, Lisandro Martínez ensayó una tijera que Gregor Kobel sacó abajo cuando la pelota parecía meterse, "Cuti" Romero ganó de cabeza, y Messi volvió a aparecer y obligó al arquero suizo a una atajada extraordinaria.
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Argentina había pasado de convertir a "Dibu" en figura a convertir en figura a Kobel. Ya no estaba esperando, no quería ir a penales, lo buscaba con todo; y entonces apareció Julián Álvarez.
A los 112 minutos, cuando las piernas pesaban y la posibilidad de otra definición agónica empezaba a instalarse en el Kansas City Stadium, Julián sacó un remate extraordinario y la pelota viajó hasta el ángulo izquierdo de Kobel. Golazo, desahogo y semifinal.
Más tarde, con el tiempo cumplido y con una Suiza jugada, apareció el tanto de Lautaro Martínez para sentenciar el 3 a 1.
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No fue el mejor partido de Argentina, probablemente haya sido uno de los más incómodos. Pero esta Selección también sabe sobrevivir.
Había demostrado que sabía jugar, que podía dominar, que podía soportar presiones y levantarse de golpes que parecían definitivos. Ahora mostró otra cara; una más áspera, menos brillante y mucho más sufrida. La del campeón que se resiste a entregar la corona.
Por eso aparece, inevitablemente, aquel recuerdo de Italia 90. Porque más allá de los estilos y los nombres existe un parentesco en la resistencia.
Aquella Selección llegó como campeona y avanzó entre dificultades. No siempre jugó bien, pero llegó. Esta Argentina todavía está lejos de completar aquel recorrido; le queda una semifinal, contra Inglaterra; tal vez el desafío más grande de todo el Mundial. Pero está ahí.
Además, hay algo más. Durante gran parte de esta Copa, este equipo necesitó que Messi le regalara un partido más; y esta vez fue distinto. Messi no jugó su mejor partido, le costó encontrar espacios y estuvo lejos del arco Entonces lo resolvieron sus compañeros y le regalaron un partido más a Messi.
¡Qué partido! Contra Inglaterra en una semifinal del Mundo. Como si a esta historia todavía le faltara otro capítulo.
Argentina está entre los cuatro mejores del mundo. Por ahora, el campeón sigue vivo.


