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Jueves, 9 de julio de 2026
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La deuda que Argentina aún no saldó: por qué la defensa se convirtió en la principal preocupación de Scaloni

La remontada frente a Egipto volvió a mostrar el carácter de la Selección, pero también dejó al descubierto una falencia que se repite partido tras partido.

Bruno Farano4 min de lectura
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La deuda que Argentina aún no saldó: por qué la defensa se convirtió en la principal preocupación de Scaloni
La deuda que Argentina aún no saldó: por qué la defensa se convirtió en la principal preocupación de Scaloni

Resumen para apurados

Hay una vieja máxima del fútbolque atraviesa generaciones y que nadie deja pasar por alto. Habla de que los delanteros ganan partidos, pero las defensas ganan campeonatos. Es una frase que se repite hasta el hartazgo en el mundillo futbolero y que nunca pierde vigencia. Mucho menos en un Mundial, en el que un pequeño desajuste puede marcar la diferencia entre seguir soñando o volverse a casa.

Si esa sentencia conserva algo de verdad, Lionel Scaloni encontró en Atlanta la principal señal de alerta de cara al duelo por cuartos de final contra Suiza en el Kansas City Stadium. Porque Argentina volvió a demostrar que tiene carácter, rebeldía y el talento suficiente para sacar adelante hasta un partido que parecía perdido. Volvió a confirmar que, si hace falta la épica, sabe cómo encontrarla; pero lo que todavía no recuperó es aquella sensación de seguridad defensiva que la convirtió en campeona del mundo en Qatar.

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El dato empieza a repetirse demasiado como para atribuirlo únicamente a la casualidad. Jordania llegó una vez con claridad y convirtió, Cabo Verde atacó dos veces con profundidad y le marcó dos goles, mientras Egipto encontró tres acciones realmente peligrosas: anotó dos para el resultado, además de un tercer tanto que  fue anulado a instancias del VAR después de una jugada que volvió a desnudar los mismos problemas.

La preocupación ya no pasa por la cantidad de situaciones que generan los rivales. Argentina sigue dominando la posesión, juega la mayor parte del tiempo en campo contrario y rara vez es sometida. Sin embargo el problema es otro. Cada vez que el adversario consigue romper la primera línea de presión, la sensación de peligro se instala en el estadio; y esa dificultad no es exclusivamente de la defensa. La falencia pasa a ser algo colectivo.

En Atlanta, contra Egipto, volvió a quedar expuesto el espacio que aparece entre la línea de volantes y los defensores. Cuando la presión alta no se ejecuta de manera coordinada, el rival encuentra metros para girar y correr de frente hacia la última línea. Ahí la Selección empieza a retroceder, pierde agresividad y obliga a sus defensores a resolver situaciones cada vez más incómodas.

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El ingreso de Leandro Paredes fue un acierto de Scaloni. El volante le devolvió orden al equipo, administró la salida con 115 pases acertados y recuperó 11 pelotas; y su presencia ayudó a equilibrar el mediocampo, pero todavía no alcanza para corregir un problema que requiere del compromiso de todo el bloque.

Porque cuando Rodrigo De Paul, Enzo Fernández y Alexis Mac Allister saltan a presionar y esa primera presión es superada, Argentina queda demasiado larga. Esos metros que antes no existían hoy aparecen con demasiada frecuencia y los rivales empiezan a aprovecharlos.

Después, además, aparecen los nombres propios. El lateral derecho continúa siendo un interrogante porque Nahuel Molina y Gonzalo Montiel alternaron titularidades, pero ninguno de los dos consiguió adueñarse definitivamente del puesto. En el segundo gol egipcio, Molina retrocedió varios metros sin animarse a anticipar. Justamente en el tanto anulado, ya se había visto una acción parecida.

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Lisandro Martínez, mientras tanto, no atraviesa un mal Mundial. De hecho, venía siendo uno de los puntos más altos de la defensa. Sin embargo, quedó expuesto en los dos goles egipcios. "Me voy re caliente por los dos goles. Le pido disculpas al pueblo argentino. Mis compañeros me dijeron que me levantara y que no me tirara abajo. Cuando jugás contra los mejores del mundo hay que estar un poco más atento", había dicho tras el partido.

Después está Emiliano Martínez. Más allá de que poco pudo puso hacer en los goles que le marcaron en este torneo, todavía no transmite aquella sensación de invulnerabilidad que lo acompañó durante Qatar. No se lo observa tan dominante en las pelotas aéreas ni con esa expresión desafiante que tantas veces condicionó a los rivales. Sin embargo, trascendió que, puertas adentro, le transmitió tranquilidad a sus compañeros y les prometió que su figura iba a aparecer en el momento preciso.

La "Scaloneta" encontró en este Mundial muchas respuestas. Confirmó que Messi sigue siendo determinante, descubrió nuevas variantes para competir y volvió a demostrar que el carácter de este plantel sigue intacto. Esa capacidad para levantarse cuando todo parece perdido continúa siendo una de sus mayores virtudes; pero los Mundiales también suelen castigar a los equipos que convierten la épica en una costumbre.

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La Selección celebró una remontada inolvidable en Atlanta y ahora le toca hacer algo todavía más importante. Debe convertir la siesta de Atlanta en un aprendizaje; porque a medida que avance el torneo, los rivales ofrecerán cada vez menos oportunidades. Si bien los delanteros siguen ganando partidos, la vieja máxima del fútbol recuerda que las Copas del Mundo casi siempre terminan levantándolas los equipos que mejor defienden.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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