Flybondi al borde del colapso: canceló todos sus vuelos del finde largo y suspende al personal
La aerolínea 'low cost' paralizó sus operaciones en medio de una profunda crisis financiera. Anunció la suspensión de pilotos y azafatas hasta septiembre, mientras se acumulan demandas judiciales.
El panorama aerocomercial argentino ingresó en una fase de extrema incertidumbre y máxima tensión. La aerolínea low cost Flybondi paralizó sus operaciones y canceló la totalidad de sus vuelos programados para este fin de semana largo, consolidando una inactividad que ya se extiende por más de una semana. La compañía se encuentra al borde del colapso institucional debido a problemas operativos y financieros crónicos que se agravan con el transcurso de las horas y que, por el momento, no tienen una solución a la vista en los despachos oficiales. En el sector aeroportuario reina una profunda preocupación y se multiplican las dudas sobre la sostenibilidad de la firma a raíz de severas fallas de mantenimiento y deudas contractuales con los lessors (arrendadores de aeronaves) y proveedores clave de suministro de combustible como YPF. Desde la crisis de la pandemia no se registraba un apagón masivo de estas características, el cual se aceleró de forma drástica a partir del pasado 2 de julio.
Las pantallas de las terminales aéreas controladas por Aeropuertos Argentina exponen un masivo tendido de carteles rojos de alerta. Solo entre el jueves feriado y el viernes no laborable, la empresa dio de baja 28 frecuencias que conectaban Buenos Aires con destinos turísticos clave como Bariloche, Neuquén, Mendoza, Posadas, Asunción, Iguazú y Córdoba. Según datos recopilados por la plataforma especializada failbondi.fail, la aerolínea acumuló más de 125 vuelos cancelados entre el 2 y el 10 de julio, una cifra alarmante si se la compara con sus competidoras directas en el mercado de cabotaje: Aerolíneas Argentinas y JetSmart sumaron menos de 25 cancelaciones conjuntas en el mismo lapso. El escenario obligó a la conducción de la empresa a emitir un duro comunicado a su personal informando la suspensión masiva de pilotos y tripulantes de cabina desde el 7 de julio hasta el 30 de septiembre, con la promesa de realizar levantamientos temporales de la medida únicamente para cumplir con servicios mínimos que logren programarse de manera oportuna.
La crisis de personal se profundiza con denuncias de extrabajadores que reclaman el pago de indemnizaciones adeudadas, en un contexto donde cerca de 300 empleados —incluidos altos ejecutivos— abandonaron la firma mediante acuerdos de retiros voluntarios. Adicionalmente, la firma continúa acéfala y sin un anuncio formal sobre quién asumirá el cargo de nuevo CEO. La debacle contrasta fuertemente con el ambicioso plan estratégico anunciado en diciembre pasado, el cual contemplaba una inversión de u$s1.700 millones para incorporar 35 nuevas aeronaves de las firmas Airbus y Boeing. Aquella promesa de expansión se había estructurado tras el desembarco, en junio de 2025, del empresario Leonardo Scatturice como accionista principal a través de su fondo de inversión COC Global Enterprise (COC), un jugador con conocidos nexos en la SIDE y cercanía al entorno de Santiago Caputo.
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Sin embargo, el cambio de manos accionarias no logró revertir la tendencia deficitaria, sino que aceleró el repliegue de la estructura. Mientras que en enero de la presente temporada la low cost llegó a contabilizar casi 20 aviones operativos por jornada, hace dos meses la flota disponible se redujo a tres unidades y en la actualidad Flybondi posee activo un solo avión para cumplir con toda su grilla. Los indicadores de rendimiento de 2026 son lapidarios: la empresa canceló más del 20% de sus vuelos comprometidos, suspendiendo 2.081 de los 10.204 servicios programados. Este índice de incumplimiento pulveriza las métricas de la competencia, donde Aerolíneas Argentinas registra apenas un 0,9% de cancelaciones y JetSmart un 1,2%. Para colmo, solo el 26,6% de las frecuencias de Flybondi lograron despegar en horario regular, arrastrando un retraso promedio de 131 minutos por viaje.
El frente legal y comercial se tornó insostenible en los tribunales ordinarios. La transportista ya enfrenta una serie de reclamos judiciales de envergadura, entre los que se destaca una denuncia penal y un pedido de quiebra formal interpuesto por el Hotel Presidente de Buenos Aires, motivado por saldos impagos millonarios en concepto de alojamiento para los pasajeros que quedaban varados por las reprogramaciones. A esta demanda de quiebra se acopló un reclamo comercial de la tradicional firma de traslados terrestres Tienda León por incumplimiento de contratos de servicios logísticos. Este escenario aceleró una reconfiguración de los cielos argentinos, permitiendo que Aerolíneas Argentinas consolide su liderazgo absoluto en el cabotaje y que JetSmart se posicione firmemente en el segundo escalón, absorbiendo el flujo de usuarios huérfanos de la empresa suspendida.
Ante la gravedad institucional de la crisis, la Secretaría de Transporte de la Nación mantiene un seguimiento estricto sobre la facturación de la aérea, controlando de cerca la venta anticipada de pasajes para servicios que la firma no está en condiciones operativas de garantizar. Si bien la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) le había iniciado un sumario administrativo en enero que llamativamente concluyó sin la aplicación de sanciones efectivas, las administraciones del interior optaron por una postura punitiva rigurosa. Los gobiernos provinciales de Buenos Aires, Río Negro y Neuquén multaron formalmente a Flybondi por sus reiterados incumplimientos de servicio, aplicando sanciones económicas que superaron los $100 millones en cada jurisdicción estatal, un golpe financiero letal para una compañía que lucha por su supervivencia.


