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Domingo, 5 de julio de 2026
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Exiliado en 1974, ministro en Canadá y fanático de la Selección: la historia de Juan Pablo Rodríguez Anido

Juan Pablo Rodríguez Anido dejó Tucumán en 1974 como refugiado político y construyó una destacada carrera en Canadá, donde llegó a ser ministro. De regreso en su provincia habló de Maradona, Messi y la Selección.

Ale Casas Cau4 min de lectura
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Exiliado en 1974, ministro en Canadá y fanático de la Selección: la historia de Juan Pablo Rodríguez Anido
Exiliado en 1974, ministro en Canadá y fanático de la Selección: la historia de Juan Pablo Rodríguez Anido

Resumen para apurados

Hay fotografías que condensan una vida entera. Juan Pablo Rodríguez Anido lo comprobó durante su visita a LA GACETA. Frente a él aparecieron las históricas portadas dedicadas a los títulos mundiales de Argentina en 1978, 1986 y 2022. Sonrió, pidió una foto junto a ellas y, por un instante, el ministro de Transporte de Canadá dejó paso al tucumano que nunca dejó de sentirse argentino.

Su historia comenzó mucho antes, en 1974. La violencia política que atravesaba el país lo obligó a exiliarse como refugiado en Canadá. Tenía que empezar de nuevo, lejos de Tucumán y de una familia que quedó partida por la distancia. Durante años no pudo regresar. Recién con la recuperación de la democracia volvió a caminar por las calles donde había crecido. Para entonces, su vida ya estaba construida a más de 8.000 kilómetros.

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En Montreal estudió, formó una familia y desarrolló una carrera política poco común para un inmigrante. Fue elegido seis veces diputado federal, integró distintos gabinetes nacionales y ocupó cargos de enorme relevancia. Entre ellos, el Ministerio de Patrimonio Canadiense y Multiculturalismo y, desde julio de 2023, el Ministerio de Transporte, una de las carteras más importantes del gobierno federal.

Pero algo nunca cambió: "Yo sigo siendo argentino", dice con naturalidad. No hace falta preguntarle demasiado para comprobarlo. Basta mencionar a la Selección.

El regreso a Tucumán tuvo una razón muy especial. Su madre, Mónica Viaña Colombres, cumplió 90 años y la familia decidió reunirse para celebrarlo. Desde Canadá viajaron trece integrantes entre hijos, nietos y parejas. El encuentro, realizado en la Sociedad Rural, fue mucho más que un cumpleaños: fue la posibilidad de volver a abrazarse después de años viviendo en distintos países.

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Durante esos días también hubo tiempo para reconstruir parte de la historia familiar. Los hermanos visitaron LA GACETA en busca de archivos sobre su padre, Julio César Rodríguez Anido, periodista y candidato a gobernador de Tucumán en las elecciones de 1973. Entre fotografías y ejemplares antiguos aparecieron recuerdos que creían perdidos. "Nos vamos muy emocionados por todo lo que encontramos de papá", resumió su hermana Mónica Valeria.

Si hay una tradición que nunca se perdió en la familia Rodríguez Anido es la de mirar juntos a la Selección. Da igual que el partido se juegue en Buenos Aires, Doha o Miami. En Montreal la casa se llena de camisetas, banderas y cábalas. "Nadie puede cambiarse de lugar si vamos ganando", cuenta entre risas.

La final del Mundial de Qatar todavía ocupa un lugar privilegiado en su memoria. "Casi nos morimos. Vivimos en la parte francófona de Canadá y la mayoría de nuestros amigos alentaba por Francia. Nosotros éramos los únicos que gritábamos los goles de Argentina", recuerda.

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El penal de Gonzalo Montiel fue, para él, mucho más que el cierre de una final. "Fue un desahogo enorme".

Su vínculo con la Selección atraviesa varias generaciones de futbolistas. Estuvo en Estados Unidos 1994 cuando Diego Maradona marcó su último gol en un Mundial frente a Nigeria. También vio jugar a Lionel Messi con Barcelona y siguió a la "Albiceleste" durante la Copa América disputada en suelo estadounidense.

Cuando llega la comparación inevitable entre ambos, no duda:  "Messi tiene una técnica que nunca vi en otro jugador. Pero Maradona jugaba con el corazón. Jugaba por la camiseta, por el país y por la gente. Para mí fue único."

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La admiración por Diego también quedó grabada en la piel de su hija Béatrice, que lleva tatuada la firma del "10".

El fútbol nunca fue solamente una pasión para Juan Pablo. También fue una escuela. De joven jugó como delantero hasta que una grave lesión lo obligó a abandonar las canchas. Sin embargo, asegura que muchas de las enseñanzas que aplicó durante su carrera política nacieron allí. "Aprendí que nadie gana solo. Los equipos son los que consiguen las cosas importantes."

También siguió con atención el crecimiento del fútbol canadiense, impulsado por la inmigración y por una nueva generación de futbolistas. Aun así, cuando habla del Mundial, el hincha aparece por encima del ministro.

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Está convencido de que Argentina puede volver a pelear por el título. "Tenemos un gran equipo, experiencia y una identidad de juego muy fuerte."

Solo señala un rival capaz de complicar ese sueño: "Para mí, otra vez Francia."

Hace más de 50 años dejó Tucumán obligado por las circunstancias. Sin embargo, cada vez que juega la Selección vuelve a ser aquel tucumano que un día hizo las valijas sin saber cuándo podría regresar. Porque algunas pertenencias no entienden de fronteras. Y la camiseta argentina, para Juan Pablo Rodríguez Anido, sigue siendo una de ellas.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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