"El vino tiene corta edad, pero ya tiene identidad": el diagnóstico sobre la vitivinicultura tucumana
En "Encuentros LA GACETA", referentes del sector analizaron los desafíos de una industria que busca consolidarse a partir del vino de altura, el enoturismo y el trabajo conjunto entre el sector público y el privado.

Resumen para apurados
"Nuestro vino tiene corta edad". Con esa frase, Josefina Carro, presidenta de la Cámara de Bodegas y Viñedos de Tucumán, sintetizó uno de los principales desafíos de la vitivinicultura provincial. A diferencia de regiones con siglos de tradición, el vino tucumano todavía está construyendo su historia. Pero, según sostuvo, ya encontró aquello que lo distingue: una identidad marcada por la altura, el territorio y las personas que hay detrás de cada botella.
Esa idea atravesó el primer panel de "Encuentros LA GACETA: Vino y Territorio", en el que Carro y el empresario Raúl Ostengo analizaron el presente y el futuro de una actividad que, aunque todavía pequeña en escala, busca consolidarse como una de las expresiones productivas y turísticas de los Valles Calchaquíes.
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Carro reconoció que el sector no es ajeno a las dificultades económicas. "Muchos hablan de la crisis. La verdad es que sí, estamos en un momento difícil por la baja del consumo, los costos altos y la situación del mercado, pero nosotros lo sentimos como un punto de inflexión, como una oportunidad", afirmó. Para la dirigente, ese escenario obliga a redoblar los esfuerzos para posicionar una producción que todavía tiene mucho camino por recorrer.
"Necesitamos que nuestro vino y nuestra Ruta del Vino tengan visibilidad. Lo que caracteriza a nuestro vino es que tenemos identidad", remarcó.
Hoy la provincia cuenta con 18 emprendimientos vitivinícolas y 12 bodegas con propuestas de enoturismo distribuidas en una ruta de poco más de 30 kilómetros. De todas formas, Carro sostiene que el principal atractivo no está únicamente en el paisaje.
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"Todas ofrecen una historia. Todas tienen que ver con la pasión, con una historia familiar y eso es lo que marca la diferencia"- explicó- "tomar un vino hoy no es solamente tomar una bebida, sino una experiencia".
Esa identidad también se construye a partir de las condiciones naturales del territorio. Los viñedos tucumanos se desarrollan entre los 1.700 y los 2.200 metros sobre el nivel del mar, donde la amplitud térmica entre los días cálidos y las noches frescas influye directamente sobre la maduración de la uva.
"Los días son muy cálidos y las noches son frescas. Ese impacto del calor acelera el proceso de maduración de la uva y ahí está el secreto de nuestros vinos", explicó Carro.
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La presidenta de la Cámara sostuvo que esa condición convierte al vino de altura en el principal sello distintivo de Tucumán. Incluso dentro de los Valles Calchaquíes, dijo, existen diferencias entre los vinos producidos en Tucumán, Salta, Catamarca y Jujuy.
"Cuando probás un vino de altura es como que ya pasás a otra cosa. No digo que sea mejor ni peor, pero la verdad es que hay una gran diferencia", describió.
Raúl Ostengo retomó esa idea desde otro lugar. Explicó que la identidad no depende únicamente del suelo donde crece la vid, sino de un concepto más amplio.
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"El terroir no está formado solo por la tierra que da origen a la uva. También lo forman las características climatológicas y la gente que hace ese vino. Todo ese terroir transmitido en un vino hace a la calidad y a la diferencia", sostuvo.
Si para Carro el desafío es consolidar una identidad, para Ostengo el paso siguiente consiste en transformar esa fortaleza en una industria con mayor capacidad de crecimiento.
En ese sentido, destacó la importancia de la articulación entre el sector público y el privado para sostener las inversiones necesarias.
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"La industria necesita inversiones en infraestructura, en tecnología y en experiencia. Creo que el desafío de la política es crear un espacio donde vengan nuevas inversiones para cuidar lo que ya se hizo y mejorarlo", afirmó.
También defendió la necesidad de simplificar el funcionamiento de la actividad. "Soy pro desregulación. Estoy convencido de que las actividades tienen su propia responsabilidad. Los empresarios necesitamos menos burocracia, simplificar procesos y reglas de juego claras", expresó, aunque aclaró que deben mantenerse los controles sobre el producto final para garantizar la calidad y proteger al consumidor.
Según Ostengo, el crecimiento del sector también depende de seguir generando nuevos mercados y de fortalecer la presencia de los vinos tucumanos dentro y fuera del país.
Mientras algunas bodegas ya trabajan para ampliar sus exportaciones y participan de misiones comerciales en el exterior, Carro cree que la primera conquista todavía está pendiente.
"El tucumano tiene que conocer nuestro vino. Después de visitar nuestras bodegas y probarlo realmente puede valorar la calidad del producto, pero primero necesita conocerlo", sostuvo.
Para la presidenta de la Cámara, esa cercanía también explica por qué el vino tucumano se vive de una manera distinta: "Cuando una persona sabe cuál es la historia de ese vino, de dónde viene y cómo se hace, ya no está tomando solamente una copa. Está viviendo otra experiencia".


