El temporal de viento fue "extraordinario y anómalo"
El documento lo clasifica técnicamente como una "tempestad", con ráfagas por encima de lo habitual.

El temporal de viento Norte (Zonda para los académicos) que castigó a nuestra provincia entre el 16 y el 19 de este mes fue un fenómeno "climáticamente extraordinario y anómalo", con una persistencia e intensidad "inéditas en la región" y ráfagas que habrían alcanzado entre 75 y 117 kilómetros por hora en las zonas más golpeadas.
Los datos corresponden a un informe técnico del Laboratorio Climatológico Sudamericano (LCS), firmado por el doctor en Ciencias Meteorológicas Juan L Minetti.
El estudio ubica al evento entre el grado 9 (temporal fuerte) y el grado 11 (tempestad) de la escala Beaufort. En términos concretos, esa franja de la escala se corresponde con lo que se vio en las calles de San Salvador de Jujuy: árboles arrancados de raíz, infraestructura de servicios públicos caída, paredes derrumbadas, techos volados y una nube de polvo que redujo la visibilidad durante horas. A eso se sumó una anomalía térmica llamativa para pleno invierno, con marcas que superaron los 35 °C.
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El documento subraya, además, que "los eventos de Zonda tienden a quedar sub-registrados por las estaciones fijas instaladas en la provincia: muchas ráfagas de corta duración no quedan asentadas en los registros horarios, y en ocasiones el viento desciende con fuerza en un punto cercano a la estación pero no exactamente sobre ella". Por eso, según el análisis "apoyarse únicamente en las cifras de las estaciones de zonas llanas conduce a subestimar la magnitud del fenómeno".
Frente a este escenario, el LCS recurrió a un método analítico indirecto: estimar la velocidad del viento a partir de los daños estructurales y botánicos documentados en fotografías y clasificarlos según la escala Beaufort. El propio informe sostiene que las velocidades no surgen de un anemómetro sobre la ciudad, sino de una inferencia técnica basada en las consecuencias observables, precisamente porque no había cobertura instrumental directa en el punto crítico.
"El Zonda es un viento de tipo Foehn: aire que asciende húmedo por la ladera chilena de la cordillera -donde descarga en forma de precipitación- y desciende del lado argentino seco, cálido y acelerado. En este caso -según el informe- la configuración fue impulsada por una onda de Rossby instalada en el Pacífico y, entre el 17 y el 18 de julio, por un tren de ondas cortas que generó intensos gradientes de presión entre Mendoza y La Quiaca. Esa combinación mantuvo al fenómeno en su máxima energía durante dos días", una persistencia inusitada.
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La distribución del daño también respondió a la geografía. La Quebrada, al Norte, suele ser la zona más ventosa por su condición orográfica; sin embargo, en este evento el epicentro destructivo se concentró en la capital y fue perdiendo fuerza hacia el sur y hacia el área del aeropuerto, un comportamiento que -señala el informe- es típico de este tipo de fenómeno.


Excede lo previsible
El estudio enmarca al evento como "un fenómeno de frecuencia excepcional y de una violencia inusual para la región. Su magnitud excede los parámetros con los que se diseña y se construye la infraestructura de una ciudad -arbolado, viviendas, tendidos, edificios públicos y servicios de todo tipo-". "Ningún entorno urbano se dimensiona para resistir sin daños un evento de esta naturaleza, porque hacerlo sería técnica y económicamente inviable. No es, por lo tanto, una cuestión de previsión, sino el impacto esperable de un fenómeno de esta escala sobre cualquier ciudad".
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Entonces "no se trató de un mal día de viento, sino de un evento meteorológico de baja frecuencia y alta capacidad destructiva, cuya verdadera dimensión solo se aprecia al cruzar los daños documentados con el análisis físico del fenómeno".
El informe fue elaborado por el Laboratorio Climatológico Sudamericano (LCS), institución científica y consultora con casi cuatro décadas de trayectoria en climatología del Cono Sur, con equipos vinculados a la UBA, el Conicet, el Inta y la Eeaoc.
El documento lleva la firma de Juan L Minetti, doctor en Ciencias Meteorológicas (UBA, 1991), autor de más de un centenar de trabajos científicos y de obras de referencia como "El Clima del NOA". Según se informó, el análisis integró datos del Servicio Meteorológico Nacional, imágenes satelitales, mapas sinópticos y evaluación de daños.
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