El sincericidio de Quintela

Concepción. Ricardo Quintela dijo que hay que tomar el poder para presionar a la Corte Suprema.
En su última contribución a la antología de disparates que caracterizan el devenir nacional, el gobernador riojano Ricardo Quintela consideró que "hay que presionar a la Suprema Corte para que revea la injusta situación de Cristina" y que "a la Corte se la presiona primero tomando el poder y hablando con ellos".
A esta altura de los ajustes y concesiones que la gestión libertaria hace para tratar de remontar una credibilidad del país sepultada por años de desatinos, las dudas que puedan abrigarse sobre el impacto negativo que tienen las alternativas políticas son más bien escasas.
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En el caso de Quintela, esta proyección nociva se incrementa por su posición institucional, ya que gobierna una Provincia, y por su filiación facciosa, ya que forma en el sector que pretende suplantar a Javier Milei en la Casa Rosada.
Su circunstancia es una síntesis perfecta de la situación a la que ha sido arrastrada la Argentina: comanda la única provincia que está en "default", sometida a juicios en los tribunales de Nueva York y maniobrando con la cuasimoneda "Chacho" para cumplir sus obligaciones corrientes.
Declaraciones como las que acaba de hacer Ricardo Quintela son centrales en la construcción del "riesgo país" argentino. Declaraciones como las que acaba de hacer Ricardo Quintela son centrales en la construcción del "riesgo país" argentino.
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Que sostenga tan campante que es necesario "tomar el poder" para condicionar a la Justicia, no puede más que afianzar en inversores y prestamistas la impresión de que para intervenir en la Argentina es imprescindible establecer reaseguros excepcionales, como someter eventuales litigios a la jurisdicción de tribunales extranjeros e imponer tasas exorbitantes a los créditos.
El cuadro que Quintela legó a La Rioja es, en sí mismo, un alegato más elocuente que cualquier declaración.
La provincia arrastra una deuda que trepa a los 800 millones de dólares, buena parte de ella contraída bajo bonos emitidos en Nueva York, cuyos acreedores recurrieron a la Justicia estadounidense ante el incumplimiento de los pagos.
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No se trata de una fatalidad geográfica ni de una herencia maldita, sino el resultado de años de gasto público descontrolado irresponsablemente.
En ese contexto, la emisión del "Chacho", un bono que el propio gobierno provincial presenta con eufemismos como "letra de cancelación de deuda" no es una solución sino una confesión de incompetencia. Quintela despojó a la administración riojana de cualquier vestigio de credibilidad.
El Estado riojano no puede pagar con moneda de curso legal porque no tiene. Quintela ya agotó una emisión y anunció una segunda, que empezaría a circular en agosto. Es, en los hechos, una deuda flotante que el riojano se ve forzado a aceptar como si fuera dinero genuino.
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El "Chacho" terminó siendo, de hecho, un símbolo involuntario de la administración Quintela: promesa de valor que el mercado descuenta con una quita, exactamente como los inversores descuentan el riesgo de operar en una provincia gobernada por quien sugiere tomar el poder para coaccionar a la Justicia.
El "riesgo país" del que tanto se habla se edificó a partir de concepciones como la que el riojano acaba de expresar. No es la malevolencia de los mercados lo que le impide a la Argentina acceder a financiamiento a costo razonable y la condena a la escupidera perpetua con el FMI, que presta en última instancia, cuando ya nadie más quiere hacerlo. El lastre más gravoso es la enajenación y la vigencia de dirigentes como el gobernador de La Rioja.


