El pollo supera a la carne vacuna en la mesa de los argentinos
El consumo de carne aviar desplazó al de carne bovina durante 2026, impulsado por la pérdida del poder adquisitivo y diferencia de precios. El cerdo también gana participación.

El consumo de carne aviar desplazó al de carne bovina durante 2026, impulsado por la pérdida del poder adquisitivo y diferencia de precios. El cerdo también gana participación.
La composición del consumo de carnes atraviesa una transformación histórica en Argentina. El pollo desplazó a la carne vacuna durante los primeros meses de 2026, mientras el cerdo continúa ganando espacio en la dieta de la población.
El cambio se produjo después de un 2025 en el que el consumo total alcanzó los 116,4 kilos por habitante, un 3,85% más que el año anterior. En ese momento, la carne bovina todavía encabezaba las preferencias con 49,92 kilos anuales, seguida por la aviar, con 47,68 kilos, y la porcina, con 18,89 kilos, según los datos de la Secretaría de Agricultura.
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Sin embargo, las estimaciones sectoriales más recientes ubican el consumo de pollo cerca de los 50 kilos por persona, mientras que el de carne vacuna cayó por debajo de ese nivel.
El promedio móvil de los últimos 12 meses, medido hasta mayo por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), situó la ingesta bovina en 47,5 kilos por habitante al año, frente a los 50,6 kilos registrados en igual período de 2025. Se trata de uno de los niveles más bajos de la historia reciente.
El vicepresidente de la Cámara de Frigoríficos de Santa Fe (Cafrisa), Sergio Rodríguez, señaló que las familias encuentran en el pollo y el cerdo alternativas más accesibles. "El pollo es mucho más económico. El poder adquisitivo de la gente hace que cada vez sea más difícil consumir carne vacuna y eso provocó que creciera tanto el consumo de pollo como el de cerdo", explicó.
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Rodríguez sostuvo que los valores de la carne bovina se mantienen firmes por el impulso de las exportaciones y por la necesidad de recuperar la rentabilidad de la producción ganadera. "No digo que la carne sea cara, sino que tomó el valor que tenía que tener. De lo contrario, iba a seguir cayendo el stock ganadero porque el productor no iba a invertir más en ganadería", afirmó.
El dirigente reconoció, sin embargo, que esa recuperación del precio se enfrenta con las dificultades económicas de los hogares. "La situación de la gente hace que elija el pollo y el cerdo por sobre la carne bovina", indicó.
Además, estimó que el consumo vacuno acumula una caída cercana al 20% frente a los registros históricos y una contracción del 12% durante el último año. "Si tomamos los valores históricos, caímos un 20%. Y de un año al otro, el consumo de carne cayó alrededor de un 12%", precisó.
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El bolsillo aparece como uno de los principales factores detrás de este cambio. Según el informe de mayo del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), el precio promedio de los cortes bovinos aumentó un 57,9% interanual, mientras que el pollo subió un 38,9% y el pechito de cerdo, un 23,6%.
La diferencia también se advierte en los valores de venta. Durante mayo, el kilo de asado se comercializó a un promedio de $18.154 y el lomo alcanzó los $28.633. En comparación, el pollo fresco costó $5.048 por kilo y el pechito de cerdo, $9.151.
De esta manera, las alternativas aviar y porcina ganaron competitividad frente a la proteína tradicionalmente preferida por los argentinos. No obstante, Adrián Bifaretti, jefe de Promoción Interna del IPCVA, advirtió que la caída debe analizarse en un contexto más amplio. Argentina continúa entre los países con mayor consumo de carne vacuna del mundo, junto con Uruguay, y el retroceso no implica que ese alimento haya perdido relevancia.
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"La carne vacuna no está sola ni se vende sola. Hoy disputa cada centímetro de mercado con el pollo y el cerdo en uno de los países con mayor consumo de proteínas cárnicas del mundo", resumió. Además, señaló que también cambió la modalidad de compra: "El consumidor argentino hoy prefiere comer menos carne, pero de mejor calidad".
La modificación de la dieta también responde a nuevas tendencias. El Monitor de Consumo del IPCVA, realizado sobre una muestra representativa de 1.000 personas, indicó que el 66% de la población se define como carnívora tradicional.
En tanto, un 26% se considera flexitariano, es decir, consume proteínas animales, pero busca reducir progresivamente su presencia en la alimentación. Otro 5% se identifica como vegetariano y un 3%, como vegano.
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En conjunto, esas tres tendencias representan el 34% de la población, cuatro puntos porcentuales más que en 2024.
A pesar de estos cambios, Bifaretti sostuvo que existe una revalorización del aporte nutricional de la carne vacuna. Los consumidores continúan considerándola una fuente importante de proteínas, hierro y vitaminas.
El avance de la carne aviar constituye uno de los principales cambios alimentarios de las últimas décadas. A fines de los años 90, su consumo apenas superaba los 20 kilos por habitante. Actualmente ronda los 50 kilos y las proyecciones anticipan que podría continuar creciendo durante este año.
La expansión estuvo acompañada por un fuerte aumento productivo. En 2025, la industria faenó alrededor de 750 millones de pollos, un 1,5% más que el año anterior y casi tres veces la cantidad registrada en 2002. La producción llegó a 2,47 millones de toneladas.
Carlos Sinesi, gerente ejecutivo del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), atribuyó el crecimiento a la planificación, las inversiones y las mejoras tecnológicas incorporadas por el sector.
La modernización de las plantas, los avances en genética, la eficiencia alimenticia y el fortalecimiento sanitario permitieron aumentar la oferta y mantener precios competitivos.
También cambió la presentación del producto. "Antes prácticamente se vendía pollo entero. Hoy la oferta incluye alas, pata-muslo, pechugas, milanesas y productos listos para cocinar. Eso permitió adaptarse a hogares más pequeños y a consumidores que buscan practicidad", explicó Sinesi.
• El cerdo también gana terreno
La carne porcina es otra de las protagonistas de la transformación. Hace poco más de 20 años, su consumo rondaba los cuatro kilos por habitante. Desde entonces, multiplicó su presencia en la mesa argentina y las estimaciones sectoriales, que incluyen distintos productos derivados, la ubican cerca de los 25 kilos anuales.
El consultor Juan Luis Uccelli explicó que el crecimiento fue resultado de un trabajo sostenido para modificar la percepción de los consumidores. La cadena impulsó campañas con médicos y nutricionistas para destacar sus cualidades alimenticias y dejar atrás antiguos mitos relacionados con su contenido de grasa.
La industria también incorporó cortes similares a los vacunos, como nalga, cuadril, peceto, bola de lomo y paleta, lo que facilitó su llegada a las comidas cotidianas.
La mayor producción nacional, la presencia creciente en carnicerías y supermercados y los precios más accesibles consolidaron esa expansión. Para Uccelli, todavía existe margen para crecer y el consumo podría alcanzar entre 34 y 36 kilos por habitante durante los próximos años.
Fuera de las tres grandes cadenas, la carne ovina y el pescado mantienen una participación reducida. Al mismo tiempo, comienzan a desarrollarse nuevos nichos, como la carne de búfalo, respaldada por un rodeo nacional cercano a las 200.000 cabezas.


