El Niño cambia el color del océano Pacífico: qué detectó la NASA y cómo podría afectar a la vida marina
Los satélites de la NASA detectaron que amplias zonas del océano Pacífico se vuelven más azules por cambios asociados con El Niño. El fenómeno podría reducir el fitoplancton y afectar la vida marina, la pesca y el clima global.
Resumen para apurados
Los satélites de la NASA detectaron un cambio llamativo en el océano Pacífico: amplias zonas de agua cercanas al ecuador están adquiriendo tonalidades más azules. El fenómeno está asociado con las modificaciones que provoca El Niño en las condiciones oceánicas y podría ofrecer nuevas pistas sobre el impacto del calentamiento del mar en los ecosistemas.
Aunque el cambio de color no está relacionado con la contaminación, sí puede indicar una disminución del fitoplancton, un conjunto de organismos microscópicos fundamentales para la cadena alimentaria marina. Esta transformación también genera interrogantes sobre la disponibilidad de peces, la actividad pesquera y la capacidad del océano para absorber dióxido de carbono.
La explicación está vinculada con el fitoplancton, organismos microscópicos que habitan las capas superficiales del océano y utilizan la luz solar para producir energía. Estos seres vivos contienen pigmentos que influyen en el color del agua y cumplen un papel esencial en el funcionamiento de los ecosistemas marinos.
Cuando hay una mayor concentración de fitoplancton, el océano puede presentar tonalidades verdosas. En cambio, si su presencia disminuye, el agua suele verse más azul, ya que se reduce la influencia de esos pigmentos.
El fenómeno de El Niño puede favorecer este proceso al modificar la circulación del agua en el Pacífico tropical. En condiciones habituales, los vientos alisios contribuyen a que las aguas frías y ricas en nutrientes de las profundidades asciendan hacia la superficie. Este mecanismo, conocido como afloramiento, proporciona los elementos necesarios para el desarrollo del fitoplancton.
Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y las aguas cálidas se extienden hacia el Pacífico oriental. Como consecuencia, disminuye el aporte de nutrientes desde las profundidades y las condiciones se vuelven menos favorables para el crecimiento de estos organismos.
La NASA utiliza distintas herramientas satelitales para estudiar los cambios en el océano. Entre ellas se encuentra PACE, una misión lanzada en 2024 que permite analizar el color del agua a partir de mediciones de numerosas longitudes de onda de la luz.
Esta tecnología ayuda a identificar variaciones en la composición y las características del océano que no siempre pueden observarse a simple vista.
Al comparar registros de 2025 y 2026, los investigadores identificaron una reducción de las tonalidades verdosas en sectores del Pacífico ecuatorial, al tiempo que se extendían las aguas más azules. Este cambio es compatible con una disminución del fitoplancton en esas áreas.
Las observaciones satelitales permiten estudiar la evolución del fenómeno a gran escala y analizar cómo responden los ecosistemas marinos a las modificaciones de temperatura y disponibilidad de nutrientes.
El cambio de color no es la única señal que permite seguir la evolución de El Niño. Las variaciones en la temperatura superficial del mar y en la altura del océano también aportan información sobre la distribución del calor en el Pacífico.
Según el informe de la NASA del 15 de octubre citado en el material de referencia, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estimó en un 83% la probabilidad de que el episodio se convirtiera en el más intenso desde 1950.
Los satélites detectaron indicios del desarrollo del fenómeno a comienzos de año, cuando una onda Kelvin transportó agua cálida por el Pacífico occidental. Para abril, esas aguas habían llegado al sector oriental y contribuían al aumento de la temperatura superficial y a los cambios en el nivel del mar.
De acuerdo con los datos mencionados en el informe, el nivel del océano aumentó entre 30 y 40 centímetros en algunas zonas del Pacífico. En contraste, las aguas cercanas a Indonesia y al norte de Australia registraron niveles de aproximadamente 15 a 20 centímetros por debajo de lo habitual.
Las mediciones de los satélites Sentinel-6 permiten monitorear la altura de la superficie marina y seguir la redistribución del calor y del agua asociada con El Niño.
El fitoplancton constituye la base de gran parte de la cadena alimentaria marina. Organismos pequeños se alimentan de él, mientras que numerosas especies de peces dependen directa o indirectamente de esos seres vivos para sobrevivir.
Por ese motivo, una reducción sostenida del fitoplancton puede alterar la disponibilidad de alimento en determinados sectores del océano. Ante estas condiciones, algunas especies podrían desplazarse hacia aguas más productivas, con posibles consecuencias para la distribución de los recursos pesqueros.
Los efectos no son necesariamente iguales en todas las regiones ni para todas las especies. La respuesta depende de la intensidad y duración de los cambios ambientales, así como de las características de cada ecosistema.
Además, el fitoplancton participa en el ciclo global del carbono. Estos organismos capturan dióxido de carbono mediante la fotosíntesis y una parte de ese carbono puede trasladarse hacia las profundidades oceánicas. Por eso, las variaciones en su abundancia también interesan a los científicos que estudian el clima.