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Sábado, 1 de agosto de 2026
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El menú de Milei: pragmatismo y nacionalismo, con Lula, Georgieva y Santi Caputo en la mesa

<b>Por Hugo E. Grimaldi para LA GACETA</B>.

Juan Manuel Rovira7 min de lectura
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El menú de Milei: pragmatismo y nacionalismo, con Lula, Georgieva y Santi Caputo en la mesa
El menú de Milei: pragmatismo y nacionalismo, con Lula, Georgieva y Santi Caputo en la mesa

Resumen para apurados

Caótico como es, la semana que termina puso a Javier Milei frente a los dos costados de la cocina política: ingredientes dulces y amargos en una olla que hierve sin pausa. La política, como la cocina, se hace con recetas de corto y de largo plazo, mezclando dosis que rara vez alcanzan el punto justo. No todos los chefs del oficio gubernamental conocen los secretos del bocado de la felicidad; menos aún quienes confunden ideología con pragmatismo, insultos con diplomacia y acumulan experiencia como si cursaran materias de prueba y error. Para servir un buen plato hace falta carisma, pero también sentido común.

El Presidente parece haber comprendido que el menú macro es una cosa, pero que en la relación con la gente gobernar no es sólo ladrar, sino escuchar, reconocer las carencias, diseñar y explicar el futuro, evitar el desprecio por quien piensa distinto y, sobre todo, ser receptivo al gusto social. Como es probable que también haya advertido el fuerte deterioro de su imagen, durante la semana que termina él se ocupó de tratar de recuperar varias de las recetas que lo llevaron a la Casa Rosada.

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El análisis sugiere que Milei advirtió que la madurez que requieren los ajustes estructurales no coincide con los tiempos electorales, que llegarán mucho antes y es por eso, que quizás decidió dar paso por un tiempo a los retoques micro. Si quiere seguir siendo Presidente, deberá asumir que la gente tiene carencias y, en consecuencia, broncas que necesitan ser atendidas. En estos días, se notó que procuró volver a las fuentes de la cocina tradicional, intentando frenar el deterioro que reflejan los sondeos y recuperar la mística que lo llevó a la Casa Rosada en 2023.

En esa línea, la semana dejó en claro el regreso al primer plano de Santiago Caputo, el asesor que Milei más admira y que se volvió indispensable en la estrategia de comunicación para seducir a los desencantados que las encuestas muestran cada vez más numerosos. Ese ajuste pudo haber generado algún roce con su hermana, pero Karina también entiende que al modelo hay que hacerle un service urgente porque los tiempos se aceleran.

Así, se elaboraron los platos a dos puntas: por un lado, si va a haber cierto relajamiento fiscal pensando en las elecciones, eso se acompañó con noticias destinadas al "círculo rojo", como la cadena nacional que anunció cambios en la Carta Orgánica del BCRA, tediosa desde lo técnico pero algo lógico para sus destinatarios. Lo central fue que, desde el plano electoral, la idea fue volver a las fuentes con los ingredientes del plato principal que más reconoce la opinión pública, como es la baja de la inflación asociada a no la emisión de dinero. Si eso ya le hizo ganar una elección, ¿por qué no de nuevo?

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En ese mismo discurso, el Presidente anunció una restricción que será muy interesante si llega a aplicarse: el "shutdown a la argentina". La lógica es clara, ya que si el déficit se repite durante varios meses, el Congreso tendrá un plazo breve para corregirlo y, si no lo hace, se paralizarán las actividades no esenciales. No habrá nuevos gastos ni contratos, ni sueldos para las autoridades, aunque sí se garantizarán jubilaciones y salud. Este grillete fiscal automático aparece como un contrapeso relevante para la salud de las cuentas públicas. En paralelo, desde el frente desregulatorio, el Ejecutivo envió al Congreso dos reformas: una integral del mercado de capitales y otra estructural del mercado de seguros.

A la izquierda de Milei, en primera fila, se ubicó el ministro del Interior, Diego Santilli, junto a la hermana presidencial. El dirigente, todavía formalmente miembro del PRO, aparece como el aderezo justo a la hora de conseguir votos en el Congreso para los proyectos en curso. Además, mostró pertenencia al Gobierno al cruzar públicamente a la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien había dicho que el Presidente sufría "persecuciones imaginarias" y que estaba "genuinamente preocupada" por su salud. "Si no está de acuerdo, que dé un paso al costado", retrucó Santilli. Aunque en su entorno aseguran que se cortó solo, el gesto fue leído como un fuerte alineamiento: nunca nadie en el oficialismo había sido tan drástico con la vice. El episodio también suena a un claro intento de ordenar el mobiliario.

La visita de Kristalina Georgieva aportó oxígeno a los planes de lavado de cara del Gobierno. La directora del FMI se fue de la Argentina dejando un consejo simple: paciencia y constancia. Con la camiseta de Messi como símbolo, recordó que los grandes logros requieren tiempo, como la Copa del Mundo y en clave económica pidió sostener el rumbo sin atajos, evitar la emisión y cuidar las Reservas que el Fondo monitorea día a día. También señaló en Vaca Muerta un motor para el futuro y destacó que percibió en la gente voluntad de mirar más allá de las dificultades. Su mensaje fue claro: el programa necesita continuidad y disciplina para que el esfuerzo de hoy se transforme en recompensa mañana. Quieren cobrar, por cierto.

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En cuanto a Santiago Caputo, no sólo fue clave en el pulido del discurso presidencial transmitido por cadena -que repasó durante horas en Olivos, desde el texto hasta la cadencia de la voz de Milei- sino también en la elaboración del DNU sobre inmigración. Ese decreto endurece las reglas y habilita la expulsión o rechazo de extranjeros que promuevan "discursos de odio" contra argentinos o QUE ultrajen símbolos patrios. La medida se presentó como respuesta a la llamada "campaña antiargentina", pero dejó dudas sobre su constitucionalidad y sobre si no se trata más de un gesto comunicacional que de una política efectiva.

La coincidencia con los graves incidentes en Ceuta, que mantienen conmocionada a Europa, refuerza para muchos la idea de que la "campaña antiargentina" operó como un argumento de inteligencia, difundido casi en cadena oficial por redes y pantallas de televisión, para justificar el posterior Decreto. En el menú de la semana, el Presidente combinó un raro nacionalismo defensivo con pragmatismo fiscal y dejó flotando una paradoja: si otros países aplicaran la misma regla, hasta él mismo podría quedar vetado en sus visitas al exterior.

Hace una semana, Javier Milei abrió un frente diplomático con el presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva. Desde el púlpito ideológico lo llamó "ladrón" y recibió como respuesta del ministro de Hacienda brasileño el mote de "payaso". El cruce alteró mucho más aún el clima tenso que se respiraba entre dos socios que son estratégicos por naturaleza y cercanía y obligó a Itamaraty a citar al embajador argentino, mientras en Buenos Aires se intentaba dar por cerrado el episodio.

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Hace una semana, Milei en San Pablo abrió un frente diplomático con el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Desde el púlpito ideológico lo llamó "ladrón" y recibió como respuesta, a través del ministro de Hacienda brasileño, el mote de "payaso". El cruce profundizó el clima tenso entre los dos socios estratégicos por naturaleza y cercanía y obligó a Itamaraty a citar al embajador argentino, mientras en Buenos Aires se intentaba dar por cerrado el episodio.

La disputa no se agotó en los insultos porque detrás late una competencia de egos y liderazgos regionales: ambos presidentes buscan aglutinar apoyos en un tablero donde también intervienen Donald Trump y la sombra de China. Allí, la pelea ideológica se mezcla con nacionalismos y teléfonos descompuestos, condimentos que ya han encendido conflictos absurdos en la historia latinoamericana. Ni Milei ni Lula serían los mismos si esos dos gigantes no revolotearan, como lo hacen, sobre la región.

En ese marco, Milei le agregó una dosis de veneno al pastiche y expuso con liviandad una teoría de la que no ofreció pruebas: que Lula habría financiado parte de la "campaña antiargentina" que cerró el Mundial. Más allá de la acusación, la tensión generada por el Presidente olvida datos centrales que explican la necesidad mutua de ambos países: Brasil continúa siendo el principal socio comercial de la Argentina, lidera las exportaciones y mantiene en Buenos Aires su segunda embajada más importante en el mundo, después de Washington.

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La diplomacia no se improvisa, sino que se apoya en cuerpos profesionales, doctrinas históricas y continuidad institucional. Los presidentes marcan el rumbo, pero son las burocracias las que garantizan que el país no se desvíe con cada cambio de ideología. Allí se revela la diferencia entre política partidaria y política de Estado: la primera fluctúa, la segunda permanece. En la Argentina, sin embargo, predomina un péndulo constante en materia de relaciones internacionales, con un único plato fijo en el menú: Malvinas.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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