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Sábado, 11 de julio de 2026
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El día que Rattín desafió a la FIFA y se sentó en la alfombra de la reina Isabel II en el Mundial 66'

A los 89 años, falleció el histórico mediocampista que solo vistió las camisetas de Boca y de la selección argentina. El recuerdo de su histórica expulsión en Wembley, que dio origen a las tarjetas rojas y amarillas.

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El día que Rattín desafió a la FIFA y se sentó en la alfombra de la reina Isabel II en el Mundial 66’
El día que Rattín desafió a la FIFA y se sentó en la alfombra de la reina Isabel II en el Mundial 66’

El fútbol argentino despide a uno de sus símbolos más auténticos de coraje, lealtad y temperamento. Este sábado falleció Antonio Ubaldo Rattín a los 89 años, una leyenda eterna que dejó una huella imborrable en el deporte nacional. Nacido el 16 de mayo de 1937 en Tigre, el popular "Rata" grabó a fuego su nombre en las páginas de oro de la disciplina al cumplir con un hito de fidelidad cada vez más escaso en el profesionalismo moderno: "Jugué con dos camisetas solamente en toda mi vida, la de Boca y la de Argentina", solía repetir con orgullo.

Su deceso no solo tiñe de luto al club de la Ribera, sino que invita a rememorar el episodio más icónico, cinematográfico y debatido de su trayectoria internacional: la tarde en que desafió al poder de la FIFA en la Copa del Mundo de Inglaterra 1966.

Aquel suceso bisagra de la historia de los Mundiales tuvo lugar en el mítico estadio de Wembley, durante el cruce de cuartos de final en el que la Selección Argentina terminó cayendo ante el anfitrión británico. Rattín, portando la cinta de capitán, fue víctima de un arbitraje sumamente cuestionado por parte del juez alemán Rudolf Kreitlein, quien decidió expulsarlo del campo de juego a los 15 minutos del primer tiempo bajo el insólito argumento de que el volante central lo había "mirado con mala intención".

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La incomunicación idiomática y la impotencia general desataron un escándalo que paralizó el partido por casi diez minutos. Lleno de una bronca mayúscula, el mediocampista xeneize inició una caminata eterna hacia los vestuarios, pero antes de abandonar los márgenes del césped, estrujó con fuerza el banderín del córner que exhibía la bandera de la Union Jack y se sentó de forma desafiante sobre la mismísima alfombra roja que estaba por debajo del palco de la familia real donde presenciaba el partido la reina Isabel II.

Con el correr de las décadas, aquella rebeldía criolla frente al arbitraje europeo alimentó un relato folclórico de dimensiones colosales. Las crónicas periodísticas impresas y los documentales posteriores agigantaron la leyenda de la alfombra y las lluvias de latas de cerveza. Sin embargo, los documentos de la época exponen ciertos matices técnicos: la transmisión oficial del encuentro de 1966 jamás logró capturar al caudillo sentado sobre la tela real, mostrando en cambio a un Rattín plantado con un pie adentro y otro afuera de la cancha discutiendo con dirigentes de la FIFA, para luego retirarse haciéndole gestos a la tribuna local de que el partido estaba "comprado".

La primera mención explícita sobre la alfombra la aportó el propio futbolista a los pocos días de regresar al país, en una entrevista icónica concedida a la revista El Gráfico. El mediocampista describió que ante la falta de un intérprete, decidió sentarse en el sector presidencial sin importarle el protocolo. Más allá de las imprecisiones visuales o las reconstrucciones que la memoria popular moldeó con simpatía de este lado del Atlántico, la certeza técnica y reglamentaria más contundente de este escándalo internacional es que la expulsión de Rattín obligó a la FIFA a crear las tarjetas amarillas y rojas. El referí inglés Ken Aston, quien ingresó a la cancha a calmar al jugador de Boca, propuso este sistema cromático universal de amonestaciones para evitar los baches idiomáticos, estrenándose formalmente en el Mundial de México 1970.

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La trayectoria doméstica de Antonio Rattín estuvo signada por el mismo carácter inquebrantable que exhibió en el plano internacional. Su debut en la Primera División de Boca Juniors se produjo el domingo 9 de septiembre de 1956, nada menos que en una Bombonera repleta y ante River Plate. El director técnico Mario Francisco Fortunato decidió apostar por la frescura del juvenil de 19 años para disputar el Superclásico, y el "Rata" respondió con una solvencia defensiva descomunal. Aquel partido concluyó con un triunfo xeneize por 2-1 gracias a los goles de Eduardo Senés y Osvaldo Zubeldía, marcando el inicio de una titularidad indiscutida que el volante retendría por el resto del campeonato.

A lo largo de sus catorce temporadas vistiendo la camiseta azul y oro, Rattín heredó el estilo batallador de próceres del club como Natalio Pescia, consolidando la fisonomía de la tradicional "garra xeneize". Se transformó en el gran referente de área del mediocampo, ganándose el respeto de rivales históricos y el amor incondicional de las tribunas de la Bombonera, escenario donde en reiteradas ocasiones fue homenajeado en vida. La partida física del gran capitán deja un vacío inmenso en las páginas de la historia deportiva argentina, pero consagra de forma definitiva el mito de aquel caudillo que no se doblegó ante el rigor del fútbol europeo.

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Nota basada en una publicación de Los Primeros. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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