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El amor después de las palabras

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Redacción4 min de lectura
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El amor después de las palabras
El amor después de las palabras

Por Fernando Viano

Todo amor termina convirtiéndose en una colección de imágenes.

Mucho después de que las conversaciones se diluyen, de que las promesas pierden nitidez y de que los hechos comienzan a confundirse con las interpretaciones, permanecen ciertas escenas. Un rostro iluminado por una luz irrepetible. Una mano que se extiende. Una despedida. Una mirada suspendida en algún rincón de la memoria. El recuerdo trabaja de una manera extraña: no conserva la historia completa, sino fragmentos. Instantes. Destellos.

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Quizás por eso Tiempo de Amarte, del escritor boliviano Manuel José Justiniano Dencker, encuentra en la imagen uno de sus principales territorios expresivos.

No porque las ilustraciones acompañen al texto. Tampoco porque funcionen como simples complementos visuales. Lo que ocurre aquí es algo diferente. Las imágenes participan activamente de la construcción del sentido. Hablan. Sugieren. Completan silencios. En ocasiones dicen aquello que las palabras apenas alcanzan a insinuar.

Desde las primeras páginas el lector comprende que se encuentra frente a una obra donde la experiencia amorosa se expresa a través de símbolos. Mujeres atravesadas por relojes, ventanas abiertas hacia universos imposibles, embarcaciones navegando océanos interiores, figuras suspendidas entre flores, nubes y constelaciones. Nada parece responder a una lógica realista. Y, sin embargo, todo resulta reconocible. Porque el amor rara vez se recuerda de manera realista. La memoria transforma. Exagera. Suprime. Reconstruye. Convierte experiencias concretas en escenas cargadas de significado.

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En ese sentido, el universo visual de Tiempo de Amarte parece responder más a la lógica del recuerdo que a la de la realidad. Las imágenes no ilustran el amor. Son el amor recordado.

La estructura del libro acompaña ese recorrido emocional. Dividido en cinco apartados -Luces y sombras, Matices difusos, El acantilado del recuerdo, Las ruinas del nosotros y Las cenizas y el fénix-, el texto propone una travesía que va desde el encuentro hasta la reconstrucción posterior a la pérdida. Pero lo interesante es que ese recorrido nunca se presenta como una narración lineal. Más bien se asemeja a la forma en que opera la memoria: avanzando y retrocediendo, iluminando ciertos momentos mientras deja otros en penumbra.

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Manuel Dencker se caracteriza por la brevedad. Sus textos rara vez buscan el desarrollo extenso. Prefieren la condensación. La frase breve. El aforismo sentimental. El pensamiento convertido en destello. "Amar es solamente ese instante en el que sentimos ser y no estar", escribe en uno de los pasajes del libro. Más que una definición, la frase parece una intuición. Una de esas verdades emocionales que no pretenden explicarse sino reconocerse.

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Esa misma lógica atraviesa buena parte de la obra. El autor no busca describir el amor. Busca capturar sus efectos. La manera en que altera nuestra percepción del tiempo. La forma en que modifica los recuerdos. La capacidad que tiene para transformar experiencias cotidianas en acontecimientos que permanecen mucho más allá de su duración real. Por momentos, Tiempo de Amarte parece preguntarse qué queda cuando una historia termina. Y la respuesta que ofrece no es la nostalgia. Es la transformación. Porque uno de los temas más persistentes del libro es precisamente ese: el cambio. Las personas cambian. Los vínculos cambian. La memoria cambia. Incluso el dolor cambia.

Aquello que alguna vez fue herida puede convertirse en aprendizaje. Lo que fue ausencia puede transformarse en recuerdo. Lo que parecía pérdida absoluta puede terminar revelándose como una experiencia necesaria para comprenderse a uno mismo. Esta idea encuentra su expresión más clara en la última sección del libro, significativamente titulada Las cenizas y el fénix. Allí aparece una imagen clásica, casi arquetípica: la posibilidad de renacer después de la destrucción. Pero el autor evita convertir esa transformación en un mensaje optimista o ingenuo. La reconstrucción no implica olvidar. Implica integrar.

Aceptar que toda experiencia amorosa deja marcas. Y que esas marcas forman parte de quienes somos. Tal vez por eso el tiempo aparece de manera insistente a lo largo de toda la obra. No sólo en los textos. También en las imágenes.

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Los relojes, los mecanismos, los ciclos y las referencias temporales se repiten una y otra vez, como si el autor quisiera recordarnos que el amor siempre mantiene una relación conflictiva con el tiempo. Desea detenerlo. Pero no puede. Desea conservarlo. Pero se escapa. Desea volver atrás. Pero sólo encuentra recuerdos. La imagen de la portada resume admirablemente esa tensión. Allí el tiempo parece incrustado en el cuerpo mismo de la figura representada, como si ambas cosas fueran inseparables. Porque quizás lo sean. Después de todo, ninguna experiencia amorosa permanece intacta. Todas terminan convirtiéndose en memoria. Y la memoria, como las ilustraciones que recorren este libro, nunca es una reproducción exacta de lo vivido. Es una reinterpretación. Una reconstrucción. Una nueva forma de mirar aquello que ya no está.

En definitiva, Tiempo de Amarte encuentra su singularidad en la interacción entre palabra e imagen. No es únicamente un poemario ni tampoco un libro ilustrado en el sentido tradicional. Es una obra que explora las posibilidades expresivas de ambos lenguajes para reflexionar sobre el amor, la ausencia, el recuerdo y el paso del tiempo.

Más que contar una historia amorosa, Manuel José Justiniano Dencker propone recorrer sus huellas. Y acaso allí resida el mayor acierto del libro. Porque todos hemos olvidado palabras. Pero hay imágenes que permanecen para siempre.

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Nota basada en una publicación de Nueva Rioja. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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