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Jueves, 25 de junio de 2026
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Diario de viaje: ¿Por qué Kansas City está siempre limpia? La pregunta que me hago desde que llegué al Mundial

Mientras cubro el día a día de la selección argentina, hay una escena que se repite en cada caminata por la ciudad: calles impecables, sin basura y sin baches.

Bruno Farano3 min de lectura
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Diario de viaje: ¿Por qué Kansas City está siempre limpia? La pregunta que me hago desde que llegué al Mundial
Diario de viaje: ¿Por qué Kansas City está siempre limpia? La pregunta que me hago desde que llegué al Mundial

Resumen para apurados

Hay una pregunta que me acompaña desde que llegué a Kansas City y no tiene que ver con Lionel Messi, con Lionel Scaloni ni con el Mundial. Es mucho más simple. ¿En qué momento limpian esta ciudad?

Lo pienso cada vez que salgo del hotel rumbo al centro de prensa, al entrenamiento de la Selección, cuando camino hasta algún restaurante o cuando vuelvo de noche después de una jornada que suele terminar bastante más tarde de lo que empieza.

Nunca vi un camión de limpieza, ni crucé una cuadrilla barriendo las calles, ni encontré un contenedor desbordado o una bolsa de basura rota al costado de una vereda. Y, sin embargo, al día siguiente todo sigue exactamente igual de impecable.

No hay papeles tirados, no hay latas, no hay botellas y no hay colillas de cigarrillos. El césped parece recién cortado, las veredas están limpias y el asfalto no tiene baches. Incluso después de los días en los que miles de personas invaden la ciudad por el Mundial, la postal vuelve a ser la misma apenas amanece.

Al principio pensé que simplemente estaba teniendo suerte o que justo no coincidía con el horario de limpieza. Pero ya pasaron varios días y sigo sin encontrar la respuesta. Entonces empecé a mirar menos el piso y más a la gente.

Vi hinchas neerlandeses caminando varias cuadras con un vaso en la mano hasta encontrar un cesto, familias levantando lo que habían usado para comer en una plaza, y personas esperando un semáforo aunque no viniera ningún auto. Son pequeños gestos que, aislados, parecen insignificantes; pero repetidos miles de veces por día terminan construyendo una ciudad distinta.

No creo que la explicación sea solamente cultural. Tampoco alcanza con decir que acá el Estado funciona mejor. Seguramente haya un sistema eficiente de limpieza, mantenimiento y servicios públicos, pero también da la sensación de que existe un acuerdo silencioso entre quienes viven acá: el espacio público también es la casa de cada uno. Y eso cambia todo.

Es inevitable pensar en Argentina. No para comparar quién hace las cosas mejor o peor ni para idealizar un lugar que, como cualquier otro, también debe tener problemas. Pero sí para preguntarnos cuánto de lo que vemos depende únicamente del Estado y cuánto empieza en decisiones individuales que duran apenas unos segundos.

Dónde tirar un papel, qué hacer con una botella vacía o cómo dejar un banco de una plaza después de usarlo son preguntas simples que muchas veces pasan desapercibidas.

Mientras tanto, el Mundial sigue transformando Kansas City. Llegan hinchas de diferentes rincones del planeta, los bares están llenos, los hoteles trabajan al máximo y el estadio recibe a decenas de miles de personas cada vez que hay un partido. Sin embargo, cuando la multitud se va, la ciudad vuelve a verse como si nada hubiera pasado.

Y yo sigo con la misma duda del primer día. Sí, la misma. No sé exactamente a qué hora limpian Kansas City.

Aunque cada vez sospecho más que el secreto no está en el horario sino en que, probablemente, ensucian mucho menos de lo que nosotros imaginamos.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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