De la ilusión de enero a quedar fuera del Reducido: las claves que explican el presente de San Martín
Cambios de entrenadores, una profunda renovación del plantel, lesiones, errores repetidos y la falta de regularidad son motivos por lo que el "Santo" quedó lejos de las expectativas.

Resumen para apurados
A comienzos de año, San Martín parecía reunir todos los ingredientes para volver a ser protagonista de la Primera Nacional. Después de quedarse otra vez en las puertas del ascenso durante la temporada anterior, la nueva conducción encabezada por Oscar Mirkin decidió impulsar una profunda reestructuración futbolística. Sin embargo, apenas 23 fechas después, el panorama es completamente diferente. San Martín ocupa el noveno lugar de la zona B, quedó fuera de los puestos de Reducido y suma apenas 30 puntos sobre 69 posibles, con siete triunfos, nueve empates y siete derrotas. Una campaña que, por números y expectativas, está lejos de lo imaginado en enero.
El recambio fue prácticamente total. Llegaron 13 incorporaciones para reforzar todas las líneas del equipo. Se sumaron, entre otros, Lautaro Ovando, Kevin López, Santiago Briñone, Laureano Rodríguez, Nahuel Manganelli, Ezequiel Parnisari, Nicolás Ferreyra, Facundo Pons -el "9" que jugó 14 partidos y apenas marcó un gol-, Nahuel Gallardo, Lucas Diarte, Jorge Juárez y Elías López, mientras varios futbolistas que habían formado parte del ciclo anterior dejaron el club. Sobre el papel, el plantel parecía más largo y competitivo. En la práctica, el rendimiento fue mucho más irregular.
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Algunos refuerzos necesitaron varias fechas para adaptarse; otros alternaron buenas y malas actuaciones; y varios nunca lograron consolidarse. La excepción fue Ovando, que atravesaba su mejor momento futbolístico cuando una rotura del ligamento cruzado anterior frenó abruptamente su crecimiento y obligó al cuerpo técnico a modificar nuevamente el ataque. Esa falta de continuidad terminó condicionando el funcionamiento colectivo.
Desde el debut frente a Patronato, empate sin goles en una tarde marcada incluso por el corte de energía en La Ciudadela, el equipo mostró una constante que se repetiría durante buena parte del semestre: intención de protagonismo, pero enormes dificultades para transformar esa superioridad en resultados.
Andrés Yllana nunca terminó de encontrar una formación estable. Probó distintos sistemas tácticos, alternó entre línea de cuatro y de tres defensores, modificó nombres casi todas las semanas y buscó distintas sociedades ofensivas sin conseguir una estructura definitiva.
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El equipo ofrecía buenos pasajes, como en la victoria frente a Nueva Chicago o en algunos tramos de los partidos contra Deportivo Madryn y Almagro, pero rara vez conseguía sostener ese nivel durante los 90 minutos. La irregularidad terminó siendo la principal marca del ciclo.
Los números acompañan esa sensación. Durante la gestión de Yllana, San Martín alternó triunfos con empates y derrotas, sin conseguir una racha que lo consolidara entre los principales candidatos. La producción ofensiva tampoco terminó de despegar. Diego Diellos se mantuvo como uno de los goleadores, Ovando comenzó a aparecer antes de lesionarse yKevin Lópezaportó juego, aunque el equipo nunca encontró un delantero capaz de sostener una cuota alta de gol durante varias fechas consecutivas. La falta de contundencia empezó a convertirse en un problema estructural.
Más allá de las cuestiones tácticas, hubo un aspecto que terminó inclinando varios partidos: los errores individuales. San Martín necesitaba generar cuatro o cinco situaciones para convertir un gol, mientras que sus rivales aprovechaban prácticamente cada desatención.
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Esa tendencia comenzó a repetirse con frecuencia. Hubo desconcentraciones en la salida, fallas en las pelotas paradas y decisiones equivocadas en momentos determinantes. Cada error terminó costando puntos que hoy explican buena parte de su posición en la tabla.
El empate contra Quilmes terminó precipitando el final del ciclo de Yllana. La dirigencia entendió que el equipo había perdido el rumbo y decidió producir el primer gran cambio deportivo del año. De manera interina, Hernán De Camilo asumió la conducción del plantel con una misión clara: estabilizar el vestuario mientras se definía al nuevo entrenador. Su paso fue breve, pero terminó de acrecentar el mal momento con una derrota por 2 a 0 contra Colegiales. Mientras tanto, también comenzaban a aparecer cambios fuera de la cancha, con la salida de Facundo Pérez Castro de la dirección deportiva, otra señal de que el proyecto inicial empezaba a desarmarse pocos meses después de haber comenzado.
La elección de Alejandro Orfila generó un impacto inmediato. Su llegada devolvió optimismo tanto dentro como fuera del plantel. Apostó por un 4-2-3-1, buscó un equipo más agresivo para recuperar la pelota y simplificó algunos conceptos tácticos. Los resultados acompañaron rápidamente: ocho puntos sobre los primeros 12 posibles, una goleada convincente por 3 a 0 frente a Almagro y la sensación de que San Martín, por fin, encontraba una identidad futbolística.
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Los refuerzos como Gabriel Carabajal, Álvaro Véliez y Bruno Cabrera elevaron el nivel del equipo, mientras que Mauro Verón comenzó a tener más protagonismo en ataque. Sin embargo, esa recuperación duró poco. El empate con Deportivo Maipú y las derrotas consecutivas frente a Temperley y Nueva Chicago frenaron el envión y volvieron a instalar las mismas dudas que habían acompañado al equipo durante la primera parte del campeonato.
La campaña explica gran parte del presente. San Martín ganó apenas siete de los 23 partidos disputados, empató nueve y perdió siete. Como local dejó escapar demasiados puntos en La Ciudadela, un escenario que durante años había sido una fortaleza y que esta temporada dejó de marcar diferencias.
Como visitante tampoco consiguió regularidad, alternando buenas actuaciones con derrotas inesperadas. Los 21 goles convertidos muestran que nunca encontró un goleador capaz de sostener al equipo durante varias fechas, mientras que los 19 tantos recibidos reflejan que tampoco logró la solidez defensiva que históricamente caracterizó al club. El dato más preocupante es otro: apenas sumó un punto de los últimos nueve y las dos derrotas consecutivas terminaron sacándolo de los puestos de Reducido.
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A pesar del presente, la tabla todavía le ofrece una oportunidad. La enorme paridad de la zona B mantiene a San Martín relativamente cerca de los ocho primeros, aunque el margen de error prácticamente desapareció. Los próximos compromisos frente a San Martín de San Juan y Deportivo Madryn, ambos en La Ciudadela, aparecen como una bisagra para el ciclo de Orfila y para un plantel que necesita volver a creer en sí mismo.
La temporada todavía ofrece tiempo para reaccionar, pero ya no alcanza con mostrar buenos pasajes de fútbol. Después de siete triunfos, nueve empates, siete derrotas, dos entrenadores, un interinato, una salida en la dirección deportiva, 13 incorporaciones y varias lesiones importantes, el diagnóstico parece claro: San Martín dejó de depender exclusivamente de su juego y comenzó a quedar condicionado por errores que se repiten demasiado. Si pretende volver a meterse en la pelea por el ascenso, deberá corregirlos cuanto antes. De lo contrario, una temporada que comenzó cargada de ilusión terminará muy lejos de las expectativas con las que fue diseñada desde enero.


