De la escuela al mercado: cómo un grupo de alumnos creó un shampoo sólido con la ayuda de una mentora financiera
Ana Ledesma Padilla acompañó a un grupo de estudiantes en la creación de un producto de triple impacto. Su experiencia en Elevate Tucumán.
Resumen para apurados
Emprender es un ejercicio que va mucho más allá de tener una buena idea o diseñar un producto atractivo. En el mundo real, llevar adelante un proyecto exige investigar el mercado, calcular estructuras de costos, fijar precios competitivos, administrar recursos ajenos y aprender a tomar decisiones estratégicas bajo incertidumbre. Transmitir esa complejidad a un grupo de estudiantes de secundaria no es tarea sencilla. Ese fue el reto que asumió Ana Ledesma Padilla, fundadora de ALP Finanzas Saludables, al sumarse como mentora en una nueva edición del programa Elevate Tucumán.
Su labor consistió en acompañar el desarrollo de Tres Estrellas, un proyecto de la escuela de Comercio Alejandro Heredia centrado en la elaboración y comercialización de shampoo sólido.
"Es la primera vez que participo y tenía muchas expectativas porque hacía años que quería acompañar este tipo de proyectos. La experiencia terminó superando todo lo que imaginaba; fue sumamente enriquecedora", reflexiona Ledesma Padilla.
Al inicio del proceso, el panorama no parecía del todo claro. Como ocurre habitualmente con los proyectos extracurriculares en la etapa escolar, la motivación del grupo no era uniforme. Lejos de interpretar la falta de foco inicial como una barrera o un rasgo negativo, Ledesma Padilla entendió que el primer paso para una mentoría exitosa era adaptar el lenguaje financiero tradicional a dinámicas participativas capaces de enganchar a los adolescentes.
El punto de inflexión se dio cuando la teoría cedió su lugar al trabajo en equipo y al análisis de casos reales. A medida que los estudiantes comenzaron a ver el impacto concreto de sus decisiones en la construcción de su propio emprendimiento, la actitud dentro del aula cambió radicalmente.
"Al principio, los chicos estaban un poco dispersos y no estaban tan enganchados. Pero cuando empezamos a trabajar juntos, se fueron involucrando de manera increíble y mejoraron a pasos agigantados en todas las etapas del desarrollo. Hoy el resultado es fantástico y los ves muy contentos con lo que han logrado", sostiene Ana.
Ese impulso llevó al proyecto a superar las fronteras de la simulación escolar. "Como les digo a ellos, esto no tiene límites, no tiene techo. Creo que varios de los chicos van a continuar con el proyecto más allá de esta experiencia. Y en ese sentido, se cumple más que el objetivo principal porque no se trata solamente del producto en sí mismo, sino de que la experiencia les quede marcada para toda la vida", añade.
La historia de Tres Estrellas comenzó con una reestructuración interna. En los momentos previos a la llegada de la mentora, el aula albergaba dos ideas diferentes, pero tras evaluar las posibilidades reales de ejecución, los estudiantes decidieron unificar esfuerzos en una sola propuesta enfocada en la cosmética sustentable.
Para consolidar la idea y evitar que quedara únicamente como una práctica manual, Ledesma Padilla guió al equipo en una etapa fundamental de investigación de campo. Los estudiantes realizaron relevamientos de datos e información del segmento de mercado en la zona de Tafí Viejo, con el objetivo de identificar las deficiencias, necesidades no cubiertas y quejas más habituales de los consumidores respecto a la oferta de shampoos tradicionales.
"La intención no fue solamente desarrollar un producto por el hecho de hacerlo, sino construir una propuesta sólida. Los chicos fueron descubriendo que su proyecto iba mucho más allá de satisfacer una simple necesidad de higiene a medida que investigaban su propio entorno", explica la mentora.
Desde la perspectiva de su consultora ALP Finanzas Saludables, Ledesma Padilla puso un énfasis particular en dotar a los alumnos de herramientas económicas indispensables para garantizar la viabilidad comercial de cualquier iniciativa, especialmente en entornos económicos volátiles.
Para la especialista, enseñar finanzas a jóvenes implica bajar a tierra conceptos abstractos pero determinantes. Durante las sesiones de mentoría, trabajaron activamente en:
- Estructura de costos: Diferenciar con claridad entre costos fijos y costos variables para no comprometer el margen del negocio.
- Margen bruto y precios de venta: Calcular la rentabilidad real de cada unidad y establecer precios alineados con la competencia.
- Valoración del trabajo propio: Incorporar la contemplación del sueldo del emprendedor dentro de la planilla de costos, un aspecto frecuentemente omitido en los inicios de los microemprendimientos.
- Gestión en contextos inflacionarios: Comprender que en economías con precios fluctuantes es obligatorio monitorear y actualizar las variables para no perder margen ni rentabilidad.
"Son conceptos técnicos pero totalmente prácticos que tienen que tener en mente para mantenerse actualizados y sostener el negocio", detalla.
Y el aprendizaje financiero no se agotó en las fórmulas ni en las planillas de cálculo: "Los chicos, por lo general, no están acostumbrados a manejar plata de otros, a rendir cuentas o a llevar un registro sistemático. Esos son hábitos indispensables que todo emprendedor debe adquirir: ser profundamente ordenado con el dinero, registrar cada entrada y salida de caja y estar en condiciones de dar explicaciones transparentes sobre los recursos administrados", enfatiza. A pesar de la exigencia técnica y de la rigurosidad que requiere el orden financiero, la mentora destaca que la clave para sostener la motivación a lo largo del proceso fue preservar el clima de trabajo y el disfrute compartido.
"Nos divertimos mucho porque eso también forma parte fundamental del proceso emprendedor. Emprender exige muchísimo tiempo y dedicación; si querés mantener una iniciativa a lo largo de los años, tenés que pasarla bien en el camino", afirma.
Al cerrar el balance de esta edición de Elevate Tucumán, Ledesma Padilla remarca que la experiencia resultó ser un aprendizaje bidireccional. Si bien su objetivo era potenciar las habilidades de los chicos, la vivencia como mentora le dejó una marca profesional y personal profunda.
"Mi aprendizaje fue altísimo. Espero haber contribuido o potenciado las capacidades de los chicos, aunque sea en una pequeña proporción; para mí eso ya sería fantástico", expresa.
El emprendedurismo llegará al escenario del teatro Mercedes Sosa el martes 27 de octubre, con el cierre de la edición 2026 de Elevate Tucumán. La jornada se desarrollará de 9 a 12, con más de 1.500 chicos inscriptos, emprendedores tucumanos y charlas inspiradoras.
La iniciativa creció respecto de su primera edición, realizada en 2025, cuando participaron 10 empresarios y 150 estudiantes. Este año, el programa reúne a 26 empresarios que acompañan a 450 chicos de 15 cursos distribuidos en cinco localidades de la provincia.
El encuentro buscará poner en común el trabajo realizado durante el año y dar visibilidad a los proyectos desarrollados por los jóvenes.