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Lunes, 6 de julio de 2026
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Cómo juega Egipto, el rival de Argentina en los octavos del Mundial 2026: fortalezas, debilidades y el plan que deberá romper Scaloni

La Selección enfrentará a un equipo mucho más versátil de lo que indican los nombres. Salah y Marmoush son las grandes amenazas, aunque los egipcios también muestran puntos débiles que Argentina intentará explotar.

Bruno Farano4 min de lectura
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Cómo juega Egipto, el rival de Argentina en los octavos del Mundial 2026: fortalezas, debilidades y el plan que deberá romper Scaloni
Cómo juega Egipto, el rival de Argentina en los octavos del Mundial 2026: fortalezas, debilidades y el plan que deberá romper Scaloni

Resumen para apurados

No todos los equipos africanos representan el mismo desafío. Argentina ya enfrentó a Cabo Verde y a Argelia en este Mundial, pero Egipto se parece apenas un poco a cada uno. Tiene la capacidad física para replegarse durante muchos minutos y salir disparado de contraataque, aunque también cuenta con argumentos para asumir la posesión y construir los ataques desde la paciencia. Esa flexibilidad táctica es, quizás, su mayor fortaleza de cara al cruce de este martes en Atlanta.

Los números ayudan a entender esa evolución. En el debut frente a Bélgica apenas tuvo el 38% de la posesión. Sin embargo, con el correr del torneo comenzó a sentirse más cómodo administrando la pelota: superó el 50% frente a Nueva Zelanda, Irán y Australia. No significa que renuncie al contragolpe; simplemente aprendió a elegir cuándo acelerar y cuándo elaborar.

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Ahí aparece la primera advertencia para Argentina. Si contra Cabo Verde una de las deudas estuvo en la presión sobre el primer pase rival, frente a Egipto ese aspecto puede adquirir todavía más importancia. Los africanos progresan mucho por dentro. No necesitan conducir durante muchos metros para romper líneas: suelen hacerlo mediante pases filtrados hacia los mediocampistas Marawan Attia y Mohanad Lashin, quienes reciben entre líneas para activar rápidamente a los delanteros.

La segunda alarma tiene nombre propio: Mohamed Salah. Aunque parte muchas veces desde la derecha, rara vez permanece pegado a la banda. Busca permanentemente el espacio entre el lateral izquierdo y el marcador central, una zona que suele resultar incómoda para cualquier defensa porque obliga a decidir quién salta y quién espera. Allí recibe perfilado para encarar o asociarse con Omar Marmoush.

Y justamente Marmoush explica por qué Egipto es mucho más que Salah. El delantero del Manchester City vive atacando los espacios que genera el capitán. Cuando Salah retrocede para participar de la elaboración, Marmoush rompe a la espalda de los centrales; mientras que cuando Salah fija una marca, Marmoush aparece libre. Esa sincronización convirtió a la dupla en una de las más peligrosas entre las selecciones africanas del torneo.

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El equipo que dirige Hossam Hassan tampoco desperdicia las recuperaciones. Su bloque defensivo suele esperar en campo propio o en un bloque medio muy compacto, recupera muchas pelotas y acelera inmediatamente. No necesita elaborar demasiado para llegar al arco rival; tres o cuatro pases suelen ser suficientes para encontrar profundidad.

Por eso uno de los grandes desafíos para Argentina será administrar bien las pérdidas. Contra un rival que vive de las transiciones, regalar una pelota en la salida puede equivaler a regalar una ocasión de gol. Más todavía si Salah encuentra metros para correr.

Sin embargo, Egipto también tiene limitaciones. Aunque mejoró con la pelota durante el Mundial, muchas veces controla el desarrollo más de lo que realmente lastima. La circulación suele ser prolija, pero no siempre consigue transformar ese dominio en situaciones claras. Le cuesta romper defensas cerradas y depende demasiado de que Salah invente algo diferente o de que Marmoush gane un duelo individual.

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Allí puede aparecer una ventaja para Argentina. Si logra evitar las pérdidas en el eje, controlar las transiciones y obligar a Egipto a atacar en estático, los africanos pierden gran parte de su poder ofensivo. En ese contexto, el partido probablemente vuelva a jugarse en campo egipcio.

Con la pelota, la Selección necesitará paciencia. No parece un duelo para atacar desesperadamente. Egipto suele defender con muchos hombres por detrás de la línea del balón y cierra bien los espacios interiores, por lo que será necesario mover la pelota de un lado al otro hasta desordenar el bloque. Scaloni ya encontró ese camino frente a Cabo Verde y probablemente vuelva a insistir con la circulación antes que con la aceleración permanente.

La pelota parada también puede transformarse en una herramienta importante. Argentina convirtió cinco de sus últimos seis goles mediante esa vía y Egipto mostró algunos problemas para controlar rebotes y segundas jugadas dentro del área, especialmente cuando enfrentó rivales físicamente fuertes.

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Los octavos de final suelen resolverse en los detalles. Egipto tiene argumentos para incomodar al campeón del mundo porque combina disciplina táctica, velocidad para contraatacar y dos delanteros capaces de cambiar un partido en una acción. Pero también ofrece grietas que Argentina deberá aprovechar.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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