Colapinto se equivocó cuando estaba donde quería estar: la lección que deja Monza
Más allá de los dos puntos, Monza mostró que el argentino tiene el ritmo para pelear adelante, aunque todavía debe aprender a administrar ese límite.

Resumen para apurados
Hay carreras que obligan a mirar un poco más allá de la bandera a cuadros. Y la de Franco Colapintoen Monza es justamente una de ellas.
El noveno puesto y los dos puntos que se lleva de Italia pueden parecer un premio modesto para una carrera que, durante algunos minutos, le permitió soñar con algo mucho más grande. Pero también pueden resultar engañosos. Porque Colapinto hizo en el Gran Premio de Italia algo que Alpine necesitaba confirmar: que, cuando el auto acompaña y él consigue llevarlo al límite, puede meterse en una pelea que hasta hace poco parecía reservada para otros.
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El problema es que también confirmó el otro lado de esa historia: todavía puede pagar muy caro cuando se pasa de ese límite.
La secuencia fue brutal. Colapinto largó bien, avanzó posiciones y llegó a estar cuarto antes de la bandera roja provocada por el accidente de Charles Leclerc. Después del relanzamiento, mientras intentaba mantenerse cerca de los pilotos de punta, perdió el control del auto y se despistó. De estar peleando adelante pasó a quedar 16°. Y ahí podría haberse terminado su carrera, pero no.
Lo que siguió fue, probablemente, lo más importante. Con el fondo del Alpine dañado y después de reajustar distintos parámetros del auto, Colapinto empezó una remontada paciente y veloz. Fue superando rivales, recuperó posiciones y volvió a meterse en los puntos. En las últimas 20 vueltas, incluso, consiguió girar prácticamente al mismo ritmo que Pierre Gasly. Sus mejores vueltas finales quedaron separadas por apenas seis centésimas, en un dato que permite entender mejor la carrera.
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Colapinto se fue de pista porque quiso seguir peleando una batalla que, según reconoció después, lo había llevado a tomar más riesgos de los que correspondían. Venía de pasar autos de equipos que normalmente están fuera del alcance de Alpine y se encontró, de golpe, compartiendo pista con pilotos a los que durante buena parte de la temporada había tenido que mirar desde bastante más atrás.
Y ahí apareció una de las cuestiones más interesantes de su domingo: el error no nació de la falta de ritmo, sino de la necesidad de sostener un ritmo que todavía no era habitual para él.
No fue una carrera en la que Colapinto haya quedado expuesto porque el auto no estaba para más. Tampoco una en la que haya perdido posiciones por falta de velocidad. Por el contrario, Alpine mostró en Monza que puede competir de cerca con Racing Bulls y que, al menos en determinadas circunstancias, puede acercarse a los equipos que habitualmente ocupan la zona alta.
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Por eso dolió tanto el error.


Después de terminar noveno, Colapinto no habló como alguien que acababa de remontar siete posiciones para sumar dos puntos. Habló como alguien frustrado. "Desaproveché una oportunidad muy importante para el equipo y para mí", dijo, antes de quebrarse y reconocer la frustración que le provocaba haber cometido un error después de haber hecho una "gran carrera".
Colapinto tiene una exigencia enorme consigo mismo. Y esa exigencia puede ser una virtud cuando se transforma en velocidad, concentración y capacidad de recuperación. Pero puede convertirse en un problema cuando una equivocación termina pesando más que todo lo que ocurrió antes y después.
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Su propio ingeniero intentó marcarle esa diferencia apenas terminó la carrera.
Colapinto pidió disculpas por la radio; Stuart Barlow le respondió que no tenía que hacerlo y que lo que había hecho después del error había sido "mega". Quizás ahí esté la verdadera lectura de Monza.
Colapinto no necesita olvidar el error, sino que necesita aprender a ponerlo en su lugar.
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Porque la salida de pista fue, según el propio material del equipo, su primer error realmente significativo en carrera durante el año. Y llegó en un domingo en el que también consiguió algo que no debería pasar inadvertido: recuperar desde el 16° puesto, superar a varios rivales y terminar prácticamente con el mismo ritmo que su compañero de equipo.
El resultado dice que el argentino fue noveno. La carrera, en cambio, dejó una señal bastante más interesante.
Colapinto ya demostró que puede llegar hasta ahí. Ahora tiene que aprender a quedarse.

