Catamarca, entre las provincias donde más niños tienen celular
Una del grupo donde más del 65% de los alumnos de tercer grado de primaria posee móvil propio.

Una del grupo donde más del 65% de los alumnos de tercer grado de primaria posee móvil propio.
El avance de la tecnología entre los más pequeños vuelve a encender el debate sobre el uso de celulares en las escuelas. Un informe de Argentinos por la Educación reveló que Catamarca se encuentra entre las provincias con mayor porcentaje de alumnos de tercer grado de primaria que ya tienen un teléfono celular propio, una realidad que plantea nuevos desafíos para las familias, los docentes y el sistema educativo.
De acuerdo con el estudio "Celulares: ¿prohibir o no prohibir?", elaborado por Andrea Goldin (Conicet y Universidad Torcuato Di Tella), junto a Martín Nistal y Tomás Besada, más del 65% de los niños catamarqueños de 8 años cuenta con un dispositivo propio, ubicando a la provincia entre las de mayor acceso temprano a esta tecnología junto con Santa Cruz y Tierra del Fuego.
A nivel nacional, el panorama también refleja una fuerte expansión del uso de estos dispositivos. El 59% de los estudiantes argentinos de tercer grado ya posee un celular, mientras que otro 23% utiliza el teléfono de algún familiar. En consecuencia, apenas el 18% de los chicos de esa edad no tiene acceso a un dispositivo móvil.
El informe se basa en los resultados del operativo Aprender 2024 y sostiene que la presencia cada vez más temprana de celulares en la vida cotidiana impulsó a numerosos países y provincias argentinas a establecer restricciones para su uso dentro de las escuelas.
Sin embargo, los especialistas advierten que la discusión no es sencilla. La evidencia científica muestra que prohibir el celular en el aula reduce las distracciones y disminuye significativamente el tiempo de uso durante la jornada escolar, pero los resultados sobre el rendimiento académico son menos claros.
Las investigaciones analizadas encontraron que, en algunos casos, las restricciones generan mejoras moderadas en estudiantes con mayores dificultades o pertenecientes a sectores vulnerables. No obstante, otros estudios no registraron diferencias significativas en los aprendizajes aun cuando las prohibiciones fueron estrictas.
La investigadora del Conicet Andrea Goldin, una de las autoras del informe, sostiene que el debate no debería reducirse únicamente a prohibir o permitir los dispositivos.
"No hay que dejarse deslumbrar por las tecnologías, sino aprender a usarlas con objetivos pedagógicos claros, no que ellas nos usen a nosotros", señaló.
El informe también muestra que la regulación avanza en todo el mundo. Según datos de la UNESCO, en apenas tres años la cantidad de países que implementaron restricciones formales pasó de menos del 25% a cerca del 60%.
En Argentina no existe una normativa nacional única. Actualmente, 11 jurisdicciones cuentan con leyes, resoluciones o protocolos específicos, mientras que el resto todavía no definió un marco regulatorio sobre el uso de celulares en las escuelas.
Las experiencias son diversas. Algunas provincias establecieron prohibiciones generales en los niveles inicial y primario, mientras que otras solo permiten el uso de los dispositivos con fines pedagógicos y bajo supervisión docente.
Además del impacto en el aprendizaje, el estudio pone el foco en la infancia. La especialista en bienestar digital Lucía Fainboim advirtió que se ha naturalizado que niños de apenas ocho años tengan un celular propio, cuando esa realidad responde más a las estrategias del mercado tecnológico que a las necesidades del desarrollo infantil.
Para los autores del informe, el desafío no pasa únicamente por restringir el uso de los teléfonos, sino por enseñar a utilizarlos de manera responsable dentro y fuera del ámbito escolar, promoviendo un equilibrio entre la tecnología, la convivencia y los aprendizajes.
