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Jueves, 23 de julio de 2026
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Casa Clarita, el refugio que acompañó a una madre de alta montaña durante un embarazo de riesgo

Dulia Flores Valeriano permaneció más de tres meses en la residencia del Hospital Avellaneda. Allí dio a luz a su hijo Tahiel y encontró un acompañamiento que fue mucho más allá de lo médico.

Juan Manuel Rovira3 min de lectura
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Casa Clarita, el refugio que acompañó a una madre de alta montaña durante un embarazo de riesgo
Casa Clarita, el refugio que acompañó a una madre de alta montaña durante un embarazo de riesgo

Resumen para apurados

Cuando Dulia Flores Valerianollegó al Hospital Avellaneda todavía cursaba un embarazo de alto riesgo y su futuro era incierto. Había sido derivada desde la Alta Montaña tras sufrir una amenaza de parto prematuro y, aunque logró estabilizarse, regresar a su hogar era imposible. Las intensas lluvias habían destruido el único camino de acceso y para llegar hasta su vivienda era necesario hacerlo a caballo.

Frente a esa realidad, el sistema público de salud de la provincia encontró una respuesta. Dulia fue alojada en Casa Clarita, residencia ubicada dentro del predio del Avellaneda que brinda hospedaje temporal a madres y niños provenientes de los lugares más alejados de Tucumán.

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Lo que inicialmente iba a ser una estadía breve terminó convirtiéndose en su hogar durante más de tres meses, el tiempo necesario para completar el embarazo, dar a luz a su hijo Tahiel y continuar con los controles médicos de ambos.

Casa Clarita fue construida gracias a una donación de la Cooperadora del Hospital Avellaneda y nació con el propósito de alojar a pacientes que, por vivir en zonas alejadas, necesitan permanecer cerca del centro asistencial para realizar controles, estudios o tratamientos. Allí, además de un techo, las familias encuentran contención y un acompañamiento permanente.

El coordinador de Casa Clarita y supervisor de Enfermería, Gustavo Figueroa, explicó que el equipo realiza un seguimiento constante de cada familia para facilitar el acceso a consultas, estudios complementarios y turnos médicos. Sin embargo, reconoció que la historia de Dulia fue distinta a la mayoría.

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"Ella ingresó por un embarazo de alto riesgo y, por la imposibilidad de regresar a su domicilio, decidimos alojarla en la casa. Acompañamos todo el embarazo hasta su finalización. Le hicimos un baby shower, recibimos donaciones y la verdad es que la hemos acogido como parte de nuestra familia", relató.

El acompañamiento comenzó mucho antes de que Dulia se instalara en Casa Clarita. Desde el Servicio de Internación Conjunta y Embarazo de Riesgo, un equipo interdisciplinario siguió de cerca la evolución del embarazo y articuló el trabajo con las distintas áreas del hospital para garantizar la continuidad de la atención.

La jefa del servicio, la licenciada especialista Carla Dávila Pérez, destacó que durante más de tres meses y medio la paciente recibió asistencia de profesionales de diferentes especialidades, participó de la Escuela de Embarazadas y completó más de once controles prenatales, además de recibir el seguimiento necesario tras el nacimiento de Tahiel.

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Pero el vínculo entre el equipo de salud y la paciente trascendió la atención clínica. La cercanía, el acompañamiento cotidiano y la contención emocional fueron parte de un proceso que marcó a quienes participaron de su cuidado.

"Nunca cortamos ese cordón umbilical. Siempre vinimos a verla, nos encariñamos con ella y con su historia. Lo que hicimos fue garantizar una verdadera continuidad del cuidado", expresó Dávila Pérez.

Hoy, con Tahiel en brazos, Dulia puede volver a mirar hacia su hogar sabiendo que, cuando las dificultades amenazaban con dejarla aislada, encontró en Casa Clarita un lugar donde la atención médica se combinó con la solidaridad y el compromiso de un equipo que hizo de la salud pública mucho más que un servicio: un verdadero espacio de cuidado y acompañamiento.

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Nota basada en una publicación de La Gaceta. Primera Línea recopila, reedita y contextualiza la información.
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