Ángel María Vargas hoy está aquí
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Por Alicia Corominas
En este afán de recordar a importantes personalidades de la cultura riojana, hoy estará con nosotros ÁNGEL MARÍA VARGAS, hombre destacado en La Rioja del siglo XX, que trascendió los límites provinciales y nacionales para proyectarse, con sus magníficos cuentos, en diversas antologías publicadas en toda América. Nació en Rosario, Santa Fe, el 25 de septiembre de 1903. Siendo muy joven llegó con sus padres a La Rioja y aquí se quedó para siempre. Nos dejó a los 73 años, el 30 de octubre de 1976.
Contrajo matrimonio con una reconocida mujer riojana, Lidia Sofía Blanco y tuvieron tres hijos. Fue Lidia, su compañera, quien facilitó la difusión de la obra de su esposo, en las futuras publicaciones que se hicieron después de su muerte, como los dos volúmenes de cuentos y poesías que, con minuciosa dedicación, compilara el amigo personal de Ángel María, el historiador Manuel Gregorio Mercado.
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Ángel María Vargas fue un brillante escritor y periodista, político apasionado y vehemente, militante del Partido Radical, antes de 1945, cuando se instaló en La Rioja la Intervención Federal de Rafael Ocampo Giménez, quien asumió el 6 de enero de dicho año. El gobierno de Ocampo Giménez convirtió a La Rioja en "el corazón del peronismo argentino", como bien supo decir Miguel Bravo Tedín en su libro "Cuando La Rioja se hizo peronista". Efectivamente, fue en este momento cuando nace lo que más tarde sería el Peronismo.
Desde julio de 1945 empezaron a producirse adhesiones, resistencias y renuncias que produjeron la escisión del Radicalismo en colaboracionistas e intransigentes. Ángel María Vargas integró la Junta Renovadora que, a nivel nacional respondía a la Junta Nacional Reorganizadora, guiada por Jazmín Hortensio Quijano, uno de los pilares del futuro Peronismo.
Para captar voluntades, el destacado interventor de La Rioja, Ocampo Giménez, utilizó con efectividad los medios de comunicación existentes, entre los que menciono al periódico La Rioja, fundado y dirigido por Ángel María Vargas quien apoyaba abiertamente la Intervención Federal de Ocampo Giménez. A mediados de 1945, La Rioja decía: "Desde la iniciación de su actuación, el señor Interventor Federal declaró y sus actos lo confirmaron ampliamente de que venía dispuesto a apoyarse en las fuerzas populares, para realizar una obra de saneamiento administrativo y a practicar los principios de una verdadera democracia (…) A esta altura de los acontecimientos puede afirmarse que el radicalismo que se muestra vigoroso y animoso, como en sus mejores tiempos, marcha de perfecto acuerdo con los ideales y propósitos del gobierno, en un esfuerzo común por resolver los problemas que afectan a la provincia." Queda en evidencia el colaboracionismo de la rama del Radicalismo a la que pertenecía A.M. Vargas.
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La Junta Renovadora, unida al Partido Laborista apoyó en La Rioja la fórmula Leovino Martínez-José Francisco de la Vega como gobernador y vice, línea que apoyaba, a su vez, la fórmula presidencial Perón-Quijano que triunfó el 24 de febrero de 1946. En La Rioja el triunfo fue unánime en todos los Departamentos. En mayo de ese mismo año murió el electo gobernador Leovino Martínez y asumió la gobernación el vice José Francisco de la Vega.
Ángel María Vargas, quien desde entonces militó en el naciente Peronismo, ocupó luego importantes cargos en la provincia: fue intendente de la Ciudad Capital (1949-1952), presidente del I.P.S.A.S. (Instituto Provincial de Seguridad y Asistencia Social), ministro de Gobierno e Instrucción Pública y legislador provincial.
Y fue un incansable hacedor de la cultura riojana: presidente de la Biblioteca "Mariano Moreno", integrante de la Junta de Historia y Letras de La Rioja, fundó la sociedad Escritores Riojanos Asociados "J. Z. Agüero Vera", el primer Círculo de Periodistas de La Rioja del que fue presidente, la Biblioteca Municipal Del Pueblo, el Teatro Municipal "Florencio Sánchez Barros" y organizó como Intendente Municipal, en 1951, el Primer Salón de Artes "Joaquín V. González" que tuvo resonancia internacional. Como una consecuencia de ello se fundó el Museo Municipal de Bellas Artes "Octavio de la Colina" que funcionaba en la bella casona de la calle Copiapó, entre Dalmacio Vélez Sarsfield y Santa Fe, hoy conocido como el "MOC" (Museo Octavio de la Colina), instalado en su nuevo edificio municipal de la calle Pelagio B. Luna y Pasaje Diaguita.
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Como escritor y periodista, Ángel María Vargas, además de fundar y dirigir el ya mencionado periódico "La Rioja", fue su redactor desde 1932 hasta 1952. Además, publicó dos revistas: "Don Joaquín" a finales de los años sesenta y "El Cardón". Es discutible y afectó a gran parte de la sociedad riojana su postura contraria a la prédica de monseñor Enrique Angelelli ya que Vargas, desde "Don Joaquín", opuso una dura crítica a las pastorales del obispo Angelelli, con la vehemencia que lo caracterizaba, lo cual no impide reconocer la trascendencia literaria de su obra como cuentista. Fue igualmente, columnista de los diarios "La Prensa" y "La Nación" de Buenos Aires y colaboró en la "Gazeta de Tucumán" y en otros periódicos locales como "La Voz Franciscana" y "Labor Docente", el cual se editaba mensualmente, como el órgano de difusión y comunicación de la Asociación Docente de Chilecito.
Hablar de Ángel María Vargas implica mencionarlo también como integrante del Grupo Calíbar, el destacado y valioso movimiento de artistas: escritores, músicos, pintores, poetas y numerosas personalidades de la cultura, que nació en la capital de La Rioja en 1953 por iniciativa del poeta Ariel Ferraro y la colaboración activa de numerosos artistas hombres y una sola mujer, María Argüello, todos jóvenes talentosos e inquietos, empeñados en promover cambios en lo que ya se visualizaba como un estancamiento cultural en todo el noroeste argentino. El nombre Calíbar que adoptaron es el del rastreador que figura en el "Facundo" de Sarmiento, porque ellos consideraban que también andaban rastreando y en la búsqueda, para movilizar y enriquecer la cultura.
El Grupo Calíbar desarrolló un importante aporte artístico en general, especialmente en plástica, poesía, música y teatro. Su influencia se extendió principalmente en la segunda mitad del siglo XX y dejó profundas huellas. Era un grupo heterogéneo cuyos miembros tenían determinadas coincidencias estéticas y la necesidad de generar novedosas formas expresivas. Ángel María Vargas, por su espíritu crítico, no se integraba absolutamente, aunque estaba cerca y colaboró en la publicación del único número que editó la revista "Calíbar", en 1954. Es digno de destacar que "Calíbar" fundó el Instituto del Profesorado Secundario de Artes Plásticas a principios de 1958. Era de carácter privado y su oficialización terminó con la existencia del grupo por la dispersión de sus miembros entre 1958 y 1959.
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Pero volvamos a la vida de nuestro escritor Ángel María Vargas. En 1932 obtuvo en Buenos Aires, el premio del diario La Prensa, en un certamen al que se presentaron tres mil escritores reconocidos internacionalmente. Se otorgaron diez premios iguales entre los que figuraba El delantal de su autoría, el que fue incluido en la Edición Extraordinaria del 1 de enero de 1933. Compartieron la distinción un escritor venezolano, un peruano, dos uruguayos y seis argentinos, entre los cuales estaba Ángel María Vargas. Por este mismo cuento, El delantal, obtuvo en 1976 el Premio Literario "Sixto Pondal Ríos", Fundación Odol (Buenos Aires).
En 1940, Ángel María Vargas, publicó un libro de cuentos El hombre que olvidó las estrellas, con prólogo del autor santafesino Mateo Booz quien en un párrafo expresa: "…los cuentos de Ángel María Vargas pertenecen a los mejores que hoy se escriben en el país." Y en otro párrafo agrega: "Nunca fui a La Rioja; pero adivino que esa región que Ángel María Vargas pinta a retazos, es La Rioja auténtica, la que, a fuerza de enumeraciones y detalles estadísticos, ocultan los textos de geografía." A esta edición la componen doce cuentos y un glosario con expresiones propias del lenguaje coloquial campesino de La Rioja de esa época. Fue premiado por la Comisión Nacional de Cultura.
Para tener idea de la dimensión cuentística del autor que evocamos hoy, basta recordar las innumerables publicaciones que surgieron después de su muerte, lo que paso a mencionar como una orientación para futuros investigadores de su obra. Nos dejó 33 cuentos, 152 poemas, 67 lecciones para la educación primaria y diversos textos literarios y periodísticos.
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El cuento "El delantal" se incluyó en una compilación titulada "25 Cuentos Argentinos Magistrales", reunidos por Carlos Mastrángelo y editado por Plus Ultra, donde comparte espacio con cuentos de Borges, Bioy Casares y Cortázar, entre otros grandes de la literatura.
Otro cuento de Ángel María Vargas, La "sopera", también forma parte de la antología "Cuentos del Noroeste", del Centro Editor de América Latina (CEAL). Otros textos de este autor fueron incluidos en: "16 Cuentos Argentinos", "Cuentos de nuestra tierra", "El Cuento Hispanoamericano", "Cuentistas del interior" y "Prosa moderna", entre otras tantas antologías.


En 1986, diez años después de su fallecimiento, la Dirección General de Cultura de la Provincia de La Rioja, siendo director el escritor Héctor David Gatica, publicó una selección de cuentos y poemas en la Colección Cacique Coronilla, editado por Ediciones "Amarú". Estuvo a cargo de esta selección y compaginación César Torres con la colaboración del hijo del autor, Miguel Vargas Blanco, y el historiador Manuel Gregorio Mercado.
De esta obra, que lleva también como título "El hombre que olvidó las estrellas", como la de 1940, haré una breve reseña del cuento homónimo cuyos párrafos son conmovedores y bien podríamos pensar que narra lo que pudo haber sentido nuestro autor cuando llegó a La Rioja, "huyendo del acecho de la selva", como él mismo expresa para referirse a su gran ciudad litoraleña de donde procedía. Cuenta que descendió del tren a la madrugada, en una estación humilde del "desierto riojano". Es en este párrafo, cuando el relato aborda el encuentro de dos hombres: uno de ellos, el protagonista citadino, pleno de emociones, inseguridades y temores ante lo desconocido, porque "no sabe caminar en las tinieblas". El otro es el paisano emponchado que lo esperaba como guía, un hombre enraizado en su territorio nativo, acostumbrado a la oscuridad, quien se asombra de las dificultades del viajero para caminar de prisa y le habla en su propio lenguaje, ágil y elíptico, con expresiones fraternales como:
—Nu h'agarrao el piso, siñor.
—No se me pierda, hom…
Y cuando llegan al rancho, le ofrece un catre en medio del patio de tierra, al viajero que nunca había dormido al aire libre. Y le dice:
—Agora puede descabezar un sueño antes que albiemos.
Este cuento ensalza la vida de campo, la magia de la naturaleza con el canto del viento que llena los pulmones y desparrama perfumes de innumerables plantas silvestres que el hombre de la ciudad desconoce. Él, que nunca había visto un cielo estrellado con "insignificantes lucecitas que le llenan el corazón de una dolorida alegría", como nos dice el autor, recién comprende que "ha estado perdido siempre" en las calles de la ciudad, sin los aromas del viento, con permanentes ruidos ensordecedores, mirando las hileras de casas circundantes como si fueran el horizonte y privado de ver directamente la luz de las estrellas. Y se emociona, como emociona al lector.
El hombre que olvidó las estrellas es un cuento breve y conmovedor. Describe la vida que transcurre en las grandes ciudades, tan diferente a la del campo y a las esenciales existencias; imponentes ciudades que están expuestas a un posible y total "derrumbamiento", a diferencia de los lugares vírgenes donde todo continuaría con "las estrellas bondadosas y eternas que seguirían alumbrando la tierra, como si nada hubiera sucedido."
La obra a la que me estoy refiriendo, publicada en 1986, selecciona seis cuentos y siete poesías. Lo encabeza "El hombre que olvidó las estrellas", para continuar con "El delantal", al que ya hicimos referencia, "Un rugido que valía un millón de pesos", cuento por el que el libro ganó medalla de oro en 1964 en el Concurso del Noroeste; "¿Llueve, tata?", "El gallo" y "La felicidad". Es bueno resaltar que la mayoría de los cuentos de este libro fueron premiados. El hombre que olvidó las estrellas fue premiado por la Comisión Nacional de Cultura. La felicidad obtuvo la distinción de ser seleccionado y publicado en un concurso del diario "La Prensa" (1939) donde se presentaron más de 4.700 aspirantes y sólo 21 fueron aceptados.
"Un rugido que valía un millón de pesos" es igualmente un cuento inolvidable. Narra la historia de un circo mísero que recorre los pueblos con sus calles polvorientas, con un león enjaulado, invitando a todos a la función.
La descripción de esos lugares olvidados o abandonados enmarca contenidos de profunda humanidad, siendo la temática predominante en Ángel María Vargas la ruralidad y sus características, como la pobreza, la soledad, la angustia, la vida familiar sin mayores aspiraciones, la desprotección y hasta la muerte, experiencias todas propias de los seres humanos, en cualquier ámbito que habite, pero con características distintivas que las hacen únicas, según el territorio donde se desenvuelven, el clima, las creencias del pueblo, el idioma, las costumbres, en síntesis, la cultura. Vargas evidencia un sabio conocimiento de la vida y lo transfiere a su escritura en múltiples comparaciones bellas y significativas, como cuando expresa refiriéndose al león agobiado por el hambre: "…pero ya estaba resignado a su jaula, que sólo servía para la propaganda, y completamente de acuerdo con los reglamentos que rigen la vida de los hombres, pues estos también son leones enjaulados". En 1999, la Biblioteca "Mariano Moreno" de La Rioja publicó en la Colección La Ciudad de los Naranjos todos los cuentos de Ángel María Vargas, una vez más con el título El hombre que olvidó las estrellas. En este volumen se mantiene el prólogo de Mateo Booz del primer libro, y todos los cuentos de esa primera edición: El hombre que olvidó las estrellas, La "sopera", El delantal, La luna de mi patio, El tormento de Eligio Chacoma, Chango sin espuelas, Una vieja contra reembolso, La felicidad, El poeta, Morirse en verano, Usté es maestro, usté hay saber, El código y el toro. Concluye con la compilación "Expresiones populares riojanas empleadas por el autor en este libro". Esta edición fue obra de Editorial Canguro de La Rioja.
Para terminar esta sintética evocación, solo resta señalar la brillante sensibilidad de nuestro querido autor y la observación aguda que lo caracterizaba. Así, en su mundo narrativo, muestra la idiosincrasia de los pobladores rurales de nuestras tierras riojanas. Su imaginación de cuentista inigualable lleva a los personajes por situaciones cotidianas para darles vida y misterio sin olvidar la ternura y el dolor ancestral que arrastran, aunque se integran en la naturaleza que los contiene, a pesar de sus estrecheces.
¡Gracias Ángel María Vargas, desde el hoy!
La autora
Alicia Corominas nació en La Rioja. Su campo de acción abarca la educación, el arte y la investigación. Escribió artículos y documentos publicados en diarios provinciales y en la "Revista Latinoamericana de Innovaciones Educativas". Elaboró el proyecto "La integración de las áreas disciplinares en la escuela primaria. Núcleo generador de aprendizaje el cólera. Uso del diario como recurso educativo", seleccionado por el Ministerio de Cultura y Educación de la República Argentina y publicado en la «Revista Latinoamericana de Innovaciones Educativas", Año IV, N° 9, de la O.E.A. (1992). Integró la comisión de elaboración, producción, diseño y evaluación de la obra "Enseñar a pensar modos de conservar produciendo", (6 tomos) destinados a capacitación docente. Publicó los poemarios: "Como el ave", "Lágrimas celestes", "Tres indecisas lágrimas", "Gota a gota" (poemas y textos breves) y "Así te nombro, mi Rioja" (poemas históricos y microrrelatos). Antologías. "El amor de los riojanos", "voces con alas", "Antología federal de poesía. Región noroeste", Consejo Federal de Inversiones (CFI; "Tu" tercera antología poética del tercer concurso internacional de poesía. Madrid, España. Antologías "Los imagineros"I, II y III. Publicaciones en revistas y libro digital proyecto BCR, "100 poetas por la paz", entre otros. Publicó las obras de investigación histórica "Técnicas artesanales. Conservación y desarrollo en La Rioja". Investigación sobre artesanías tradicionales de la provincia. "Desandando La Rioja" (2 ediciones). Investigación interdisciplinaria sobre las culturas prehispánicas que ocuparon el actual territorio de la provincia. "Severa Villafañe. Una historia inconclusa" (dos ediciones) investigación histórica sobre una mujer riojana. "Persistente esclavitud. Formas actuales de discriminación y sometimiento".
